Silk Road: «si esto no es un timo, es una revolución»
Un modelo exitoso para vender drogas online que sería copiado hasta la saciedad.
· Historia de los criptomercados
Un modelo exitoso para vender drogas online que sería copiado hasta la saciedad
A finales de 2011, varias personas me hablaron sobre una nueva web que permitía comprar drogas ilegales. En aquel momento yo no tenía ni idea de qué era Tor o el Bitcoin y, en mi ignorancia, clasifiqué en mi cerebro el dato en la sección «Leyendas urbanas», junto a la chica de la curva y lo de Ricky Martin, el perro y la mermelada. Pero la insistencia de un amigo a quien considero muy sensato me llevó a instalar Tor y buscar la dichosa página. No lo conseguí a la primera y estuve a punto de tirar la toalla varias veces, pues en aquella época navegar por Internet utilizando Tor era desesperadamente lento y las interrupciones eran frecuentes.
Tras dedicar unas cuantas horas a bucear entre sus páginas y foros, aún recuerdo lo que pensé en aquel momento: «si esto no es un timo, es una revolución».
No era una tienda. Era un mercado.
Silk Road fue un mercado online clandestino que conectaba compradores y vendedores de drogas y utilizaba sistemas de reputación, Bitcoin y tecnologías de privacidad para facilitar las transacciones.
La prensa la describió en su momento como «una web de venta de drogas online», pero Silk Road tenía más cosas en común con eBay o Wallapop que con la página web de El Corte Inglés. Silk Road era un sistema que ponía en contacto a vendedores que ofrecían un producto con compradores que deseaban adquirirlo. El administrador se encargaba de hacer cumplir las normas y procedimientos establecidos, además de cobrar una comisión por cada operación. [Ormsby; Christin]
La idea de Silk Road era tan sencilla como eficaz. La característica más singular era que funcionaba como un servicio oculto dentro de la red Tor, en una parte de Internet que no era accesible mediante los buscadores convencionales. Esta combinación dificultaba la identificación de los usuarios y servidores. El medio de pago utilizado era la moneda virtual Bitcoin, que permitía realizar transacciones sin revelar necesariamente la identidad real de los usuarios. En aquel momento, Bitcoin apenas era conocido fuera de los circuitos tecnológicos. Y la comunicación entre usuarios y vendedores se hacía mediante PGP, un sistema de cifrado basado en una clave pública y otra privada que, bien utilizado, protegía sus mensajes frente a terceras personas. Bitcoin, sin embargo, no garantizaba el anonimato: sus transacciones quedaban registradas públicamente y podían rastrearse. La combinación de estos tres factores (Tor, Bitcoin y cifrado PGP) proporcionaba a compradores y vendedores un nivel de privacidad desconocido hasta entonces en el mercado clandestino de drogas. [Christin]
Cómo confiar en un desconocido
Pero, más allá de los aspectos técnicos e informáticos, uno de los factores que explica el éxito de Silk Road fue constituirse como un sistema basado en la confianza y la reputación. Los comportamientos y las acciones honestas se recompensan frente a los que no lo son. De entrada, el sistema partía de una presunción de buena fe, pero la confianza no se daba por supuesta: se construía mediante la reputación y las valoraciones de compradores y vendedores. [Christin; Ormsby]
El planteamiento obliga a superar el discurso social dominante, en el que las drogas y las personas relacionadas con ellas han venido a sustituir a la sexualidad como chivo expiatorio y tabú social en el siglo XXI. La construcción social hegemónica se basa en una serie de estereotipos y prejuicios que sostienen que el consumo de drogas es consecuencia de traumas no resueltos, de la necesidad de evasión ante una realidad insoportable… Una enfermedad en el mejor de los casos, cuando no un vicio que no admite matices entre usos ocasionales, esporádicos, regulares e intensivos, entre consumos adaptados y desadaptativos. El contacto con las drogas arrastra al individuo a una compulsión que le lleva a mentir, engañar y hasta vender un riñón de sus hijos para satisfacer sus vicios.
El vendedor elige este oficio para permitirse un nivel de vida de yates, descapotables y abrigos de visón o por vocación, es decir, por una irresistible pulsión por hacer el mal. Su única motivación existencial es sacar la mayor rentabilidad posible a su producto. Trucará las básculas o añadirá polvo de ladrillo y matarratas si es necesario. Ampliará el mercado hasta el infinito, expandiendo sus tentáculos de la universidad al instituto y de allí a la escuela y el parvulario. También está dispuesto a estafar, adulterar o matar por su negocio. No hay distinciones entre los grandes capos, directamente conectados con otras industrias delictivas y el blanqueo de capitales, y los excluidos del mercado laboral que no tienen otra salida para pagar el alquiler o alimentar a sus hijos.
¿Pueden compradores y vendedores de drogas establecer relaciones comerciales de forma honesta? ¿Son más de fiar los fruteros que los distribuidores de cannabis? ¿O son necesariamente los clientes de un after menos problemáticos que los de una boutique de lujo?
En principio, podemos asumir que el comercio de drogas funciona igual que el de cualquier otro producto en una sociedad de consumo sometida a las reglas del mercado, y que las personas que participan se manejan, de entrada, con los mismos esquemas mentales que la mayoría de la población.
Compradores con principios éticos garantizados
La forma de pago estándar era el depósito en garantía («escrow»). Abordaremos el tema en profundidad en otro post porque, en esencia, es el mismo sistema que sigue funcionando hoy, pero el mecanismo básico era el siguiente: [Ormsby; Forbes, 14/08/2013]
● A la hora de pagar, el comprador transfería el dinero al mercado, donde quedaba depositado.
● El vendedor realizaba el envío.
● El comprador informaba de la recepción del envío y, solo entonces, el mercado liberaba los fondos al vendedor.
● En caso de que existiera algún problema, como un envío no recibido o interceptado en aduanas, los administradores de Silk Road ejercían como árbitros y trataban de proporcionar una solución aceptable para ambas partes.
El depósito en garantía era la regla general, también para los compradores nuevos. La excepción documentada por Nicolas Christin afectaba a los vendedores con reputación: tras más de 35 operaciones satisfactorias y más de un mes de actividad, podían pedir que se liberase el pago antes de recibir el producto. Silk Road desaconsejaba esa práctica y se la prohibía a los vendedores nuevos. Para el comprador que aceptaba, pagar por adelantado se parecía a lo que hace cualquiera al comprar un teclado, unas zapatillas o una gaita gallega por Internet. [Christin, 2013]
Invito ahora al lector, sobre todo si ha arqueado una ceja en las discusiones previas sobre honestidad y prejuicios, al siguiente ejercicio intelectual: usted ha encargado en Amazon y pagado con su tarjeta de crédito una videoconsola de última generación. A los pocos días, suena el telefonillo. Es el repartidor, pero cuando usted abre solo encuentra el paquete con el envío en perfecto estado. Quizá el repartidor tenía prisa o le daba pereza subir al tercero sin ascensor, pero usted no ha firmado nada que acredite que ha recibido su envío.
¿Tendría usted la tentación de decir que no ha recibido nada y reclamar la devolución del importe? O, reformulado de otra manera para lectores con férreos principios: ¿cree usted que Amazon funcionaría si los repartidores dejaran la mercancía en el portal confiando en la buena fe de los compradores? Pues bien, los datos del caso sitúan por encima de cien millones de dólares el volumen de ventas durante los más de dos años de existencia de Silk Road; las comisiones que ingresaba el mercado eran una parte de ese total.
Vendedores y productos con certificado de autenticidad
Una vez que el envío está en manos del destinatario, el sistema anima a puntuar la experiencia. Reseñar un producto sometido a un régimen de clandestinidad y oscurantismo es otra de las innovaciones con consecuencias prácticas. Al ofrecer una opinión sobre la calidad del producto, la rapidez en el servicio, la discreción en el envoltorio, la comunicación con el vendedor… se fuerza una sana competitividad en la que los vendedores más profesionales y con mejor relación calidad-precio destacan sobre los chapuceros y estafadores. [Christin; Ormsby]
Pero el sistema de reseñas de Silk Road, replicado posteriormente por sus sucesoras, proporciona una capa adicional de reputación. El sistema de cifrado PGP sirve, además, para acreditar la autenticidad de las comunicaciones. Un mensaje o un archivo firmado con una determinada clave permite comprobar que procede de quien controla la correspondiente clave privada. [GNU Privacy Handbook; Ormsby]
Una firma de este tipo permite comprobar que el mensaje fue firmado con la clave correspondiente a esa cuenta, pero no demuestra que su propietario sea realmente quien dice ser fuera de Internet. A través de la clave pública se puede verificar la firma y, por tanto, comprobar que el mensaje fue firmado por quien controla la clave privada correspondiente.
Es decir, el vendedor de drogas con el nick TorreznoDeSoria puede demostrar su autenticidad a lo largo del tiempo, sin que eso implique conocer su identidad en el mundo real. Los vendedores que conservaban su clave PGP —gestionada, por ejemplo, con GnuPG— podían mantener así una continuidad de reputación incluso después de la apertura o cierre de distintos mercados.
El sistema no es perfecto ni, probablemente, el mejor posible. Hay vendedores que desaparecen sin dejar rastro tras haber hecho algún timo gordo y compradores que mienten diciendo que no ha llegado un paquete que ya tienen en su poder. Pero Silk Road fue el primer gran experimento para regular de forma privada el mercado de psicoactivos fiscalizados por los Convenios de Naciones Unidas de 1961, 1971 y 1988, un mercado que hasta entonces, al margen de la ley, se regía fundamentalmente por las reglas de las mafias y organizaciones criminales. [Ormsby; Christin]
Un sistema perfecto… o casi
Silk Road propuso un modelo en el que casi todo eran ventajas para ambas partes. Los compradores podían adquirir productos eligiendo entre un enorme catálogo, con precios competitivos, utilizando las opiniones de otros compradores como referencia para evitar timos y fraudes. Todo esto, sentados cómodamente delante de su ordenador y recibiendo el producto pocos días después, de forma discreta, en el buzón de casa.
En una época en la que ya no se escriben cartas de amor y en el buzón solo aparecen facturas, esperar la llegada del cartero volvía a ser emocionante.
Los vendedores, por su parte, estaban mucho menos expuestos a ser interceptados, ya que evitaban el contacto físico o telefónico con los compradores y podían operar tranquilamente desde su casa y enviar los productos por correo.
El principal inconveniente del sistema era una relativa complejidad a la hora de aprender a manejarse con Tor y Bitcoin. Otro inconveniente significativo era que, en un momento del proceso, el comprador tenía que revelar su domicilio postal al vendedor para que este pudiera realizar el envío. En teoría, los vendedores estaban obligados a destruir las direcciones de los compradores una vez realizado el envío, pero no había garantías de que esto fuera así. De hecho, se produjeron algunos incidentes al respecto.
En España, la consideración legal de pequeñas cantidades destinadas al consumo privado era relativamente distinta de la de otros países, donde la adquisición o posesión podía tener consecuencias penales.
Un mercado sin clientes: una comunidad
Otro factor que explica el éxito de Silk Road se encuentra en su comunidad. En torno a la web se constituyó una enorme comunidad virtual muy cohesionada en sus foros, en la que administradores, compradores y vendedores intercambiaban información de forma continua.
El diseño técnico mantenía separados el mercado y los foros, una decisión que resultaría decisiva cuando el FBI intervino Silk Road en octubre de 2013: el mercado cayó, pero los foros permanecieron activos y desde allí comenzó a organizarse la inmediata reconstrucción del proyecto. [Ormsby]
Antes de la intervención del FBI, el foro tenía cerca de 100.000 usuarios activos y había acumulado cientos de miles de registros y publicaciones. Para reforzar la credibilidad de las valoraciones, tanto en el mercado como en el foro, este último contaba con un sistema de «karma» en el que los usuarios necesitaban haber acumulado al menos 100 mensajes antes de poder calificar positiva o negativamente a otros. [Ormsby]
La comunidad desarrolló estrategias de comunicación, solidaridad y reducción de daños muy sofisticadas.
En el hilo «The Spare Coins Thread» («Hilo de monedas sueltas»), los usuarios se prestaban desinteresadamente fracciones de Bitcoin para completar pedidos cuando fluctuaba el tipo de cambio. Se registraron cientos de préstamos y, según los datos disponibles en la blockchain, la gran mayoría fueron devueltos. [Ormsby]
Pine era una usuaria que se hizo famosa por su «PGP Club». Aunque el funcionamiento de un sistema de cifrado es más sencillo que la gravedad cuántica, al principio puede resultar algo complejo. En su club, Pine ofrecía asesoría técnica y resolvía las dudas y dificultades de los usuarios. Además de por su desinteresada ayuda, Pine se hizo famosa por las discusiones sobre su género: su avatar mostraba la imagen de una mujer voluptuosa en un mundo mayoritariamente masculino, un misterio que ella misma alimentaba. [Ormsby]
En el foro de Silk Road nacieron grupos como los míticos «The Avengers» («Los Vengadores»), que compraban muestras de LSD a vendedores de la Red Profunda y las enviaban a servicios de análisis para publicar después los resultados de pureza en el foro. [Ormsby; Energy Control, 2017]
Tras el cierre de Silk Road se reorganizaron como «The DNM Avengers», crearon su propio foro y adquirieron la credibilidad suficiente como para convertirse en una referencia a la hora de desenmascarar estafadores. Estuvieron presentes en los principales mercados entre 2013 y 2019, entre ellos Agora, Evolution, AlphaBay y Dream Market. Su foro seguía disponible al menos en 2020. Se financiaban mediante donativos.
«Ask a Drug Expert Physician about Drugs and Health». Está un poco feo hablar de uno mismo, pero el espacio que el DoctorX comenzó en 2013 y que luego continuaría en Silk Road 2.0 y Evolution figura entre los diez hilos más visitados del foro de Silk Road. [Ormsby]
Según relata la periodista Eileen Ormsby en su imprescindible libro Silk Road, el DoctorX se encontraba entre los usuarios con abundantes puntos positivos y ningún punto negativo de karma, algo de lo que ni el mismísimo DPR podía presumir.
Filosofía anarquista y el culto a DPR
En esta plaza pública virtual, los usuarios no solo hablaban de drogas. Compartían gustos musicales, debatían sobre economía austriaca y organizaban «noches de cine» comunitarias, en las que cientos de internautas de todo el mundo se sincronizaban para ver simultáneamente V de Vendetta mientras DPR moderaba el debate. [Ormsby]
DPR asignaba lecturas semanales sobre anarcocapitalismo, economía austriaca, agorismo y filosofía libertaria, moderando acalorados debates académicos que parecían más propios de un foro de egresados universitarios que de un mercado negro. [Ormsby]
La comunidad consideraba a Dread Pirate Roberts, cerebro y propietario de la web, primero como un héroe y después como un mártir tras su detención en octubre de 2013. El carisma de DPR generó una devoción casi sectaria. Algunos usuarios se ofrecían a trabajar gratis como administradores o moderadores del foro; otros sugerían hacer colectas para ayudar a pagar los servidores caídos… [Ormsby; Forbes, 14/08/2013]
En su fervor ideológico, los devotos olvidaban que DPR había creado un arma revolucionaria, pero también una empresa comercial extraordinariamente rentable.
Y entonces llegó la prensa
Finalmente, los medios de comunicación tuvieron un papel decisivo en la promoción y difusión de los mercados de drogas online y, en concreto, de Silk Road.
Antes del 1 de junio de 2011, Silk Road era un club secreto de apenas 400 anuncios de drogas y un millar de usuarios que funcionaba por el boca a boca en foros de hackers. Todo cambió cuando el periodista Adrian Chen publicó en el tabloide digital Gawker un reportaje titulado «El sitio web clandestino donde puedes comprar cualquier droga imaginable». [Gawker, 01/06/2011]
La reacción del sistema fue fulminante: los senadores estadounidenses Charles Schumer y Joe Manchin reclamaron públicamente al Departamento de Justicia y a la DEA que investigaran y clausuraran la web. Esa semana, la cotización de Bitcoin pasó de 9 a 30 dólares y la avalancha de curiosos que necesitaban adquirir la moneda para entrar en el mercado fue probablemente un factor determinante. Los registros de Silk Road saltaron de 1.000 a más de 10.000 usuarios en cuestión de días, colapsando los servidores de la plataforma. [Schumer; prensa contemporánea]
Pero eso no fue nada en comparación con el verano de 2013. En agosto de ese año, Dread Pirate Roberts ofreció una entrevista exclusiva a la prestigiosa revista estadounidense Forbes. Con tono provocador, se presentaba a DPR como una figura entre el empresario tecnológico, el activista libertario y el líder de una comunidad clandestina. La entrevista tuvo repercusión internacional y convirtió a Silk Road, hasta entonces un fenómeno relativamente especializado, en un asunto de interés para la prensa tecnológica, económica y generalista.
Tres meses después, la revista Time dedicaba su portada y un amplio reportaje en el interior al fenómeno de la Red Profunda. [TIME, 11/11/2013]
En España, la referencia periodística más antigua que he localizado es un artículo sobre Silk Road publicado en ABC en agosto de 2012, «Silk Road: el tráfico de drogas abre su tienda en Internet». Y, teniendo en cuenta el pésimo nivel de la información periodística sobre drogas, relata con bastante objetividad el fenómeno. [ABC, agosto de 2012]
El FBI entra en escena… ¿game over?
La entrevista de Forbes daba la impresión de que en Washington debían de estar saltando todas las alarmas. DPR parecía situarse al nivel de Bill Gates u Oprah Winfrey, figuras habituales de las páginas de la revista. [Forbes, 14/08/2013] Mientras tanto, la maquinaria estatal llevaba tiempo trabajando para que las cosas volvieran a su sitio. ¿Qué sería lo próximo? ¿Una actuación en el half-time de la Super Bowl?
Así, el Temible Pirata Roberts (Dread Pirate Roberts, DPR) se incorporó de forma simultánea al olimpo de la cultura pop internacional y al punto de mira de las fuerzas del orden de Estados Unidos. Los senadores Charles Schumer y Joe Manchin habían pedido actuar contra Silk Road a mediados de 2011. La Operación Marco Polo era otra cosa: una investigación de Baltimore iniciada en septiembre de ese año y dirigida por HSI, con participación de la DEA, el IRS, el Servicio Secreto y la inspección postal. El FBI desarrollaba, por su parte, la investigación que desembocaría en la detención de Ulbricht.
Silk Road fue clausurado tras la detención, el 1 de octubre de 2013, de Ross Ulbricht, un joven de 29 años residente en San Francisco. Por primera vez, Internet había demostrado que era posible trasladar al mercado clandestino algunas de las herramientas que ya estaban transformando el comercio legal: reputación, competencia, comunidades de usuarios, sistemas de pago digitales y mercados sin fronteras. [DOJ/FBI]
Así que este no es el fin de la historia, sino el prólogo. Tanto de la historia de los criptomercados como de la del propio Ross Ulbricht.
Las extrañas circunstancias que rodearon su detención y el caso, las sorprendentes características del juicio y la sentencia y, sobre todo, el inesperado giro de guion final que dejará al lector ojiplático y patidifuso serán los temas del próximo post.
Fuentes citadas
- Eileen Ormsby, Silk Road: The True Story of the World's Largest Online Drug Market.
- Nicolas Christin, “Traveling the Silk Road: A Measurement Analysis of a Large Anonymous Online Marketplace” (2013).
- Andy Greenberg, Forbes, entrevistas a Dread Pirate Roberts, 14 de agosto de 2013. https://www.forbes.com/sites/andygreenberg/2013/08/14/meet-the-dread-pirate-roberts-the-man-behind-booming-black-market-drug-website-silk-road/
- Adrian Chen, Gawker, “The Underground Website Where You Can Buy Any Drug Imaginable”, 1 de junio de 2011.
- TIME, cobertura de Silk Road y la Red Profunda, noviembre de 2013.
- U.S. Department of Justice, documentación sobre Ross Ulbricht y Silk Road.
- Chuck Schumer, documentación pública sobre Silk Road.
- ABC, “Silk Road: el tráfico de drogas abre su tienda en Internet”, agosto de 2012.