Muerte y resurrección del Pirata Roberts
Dread Pirate Roberts era más que un nombre: una identidad que podía pasar de una persona a otra. La investigación de Silk Road convirtió esa idea en una historia tan compleja como inesperada.
· Historia de los criptomercados
El viaje del Temible Pirata Roberts
Antes de relatar los hechos, tomémonos unos minutos para analizar la figura de DPR. El administrador de Silk Road tomó su nick de un personaje de la película de aventuras The Princess Bride (La princesa prometida, 1987), basada en la novela homónima de William Goldman (1973). En el cine, Cary Elwes interpretaba a un pirata aventurero, sexy y heroico.
Un detalle destacable de la historia es que DPR no es una persona concreta, sino una especie de título que conlleva determinados valores, obligaciones morales y compromisos y que, llegado el caso, puede transferirse a otra persona. La elección del nick adquiere una dimensión casi profética porque no solo oculta la identidad de una persona, sino que convierte esa identidad en una especie de cargo o institución digital. Si nuestro DPR moría, desaparecía o simplemente dejaba el puesto, otro individuo podía ocuparlo. Es parecido al papa o a Miss Universo, pero DPR simboliza en nuestro caso la imagen romántica del revolucionario que desafía al poder establecido proponiendo una moral alternativa: el empresario tecnológico que construye una infraestructura económica fuera del alcance del Estado.
En pocos meses, las ventas semanales en Silk Road pasaron de decenas a cientos y luego a miles. El éxito vertiginoso de la web hizo imprescindible contratar personal para gestionar los pedidos, hacer labores de atención al cliente o vigilar la seguridad informática. Las características del negocio exigían que las contrataciones se hicieran de forma anónima y online, sin conocer siquiera al jefe del negocio. Los procesos de selección de candidatos tenían lugar en foros sobre criptomonedas o seguridad informática y, más tarde, en el propio foro de Silk Road. De esta manera, agentes federales pudieron infiltrarse dentro de la web, como el agente de Homeland Security Investigations que operaba bajo la cuenta Cirrus, uno de los moderadores de los foros del que hablaremos en una próxima entrega. Pero, en realidad, nadie sabía quién era ni dónde estaba el Pirata Roberts.
La tecnología había hecho invisible a DPR, mucho antes de que se popularizaran los actuales agentes de inteligencia artificial. Pero la investigación terminó encontrando pistas en lugares mucho menos sofisticados de lo que cabría imaginar. Analizando de forma intensiva foros de Internet sobre criptomonedas (www.bitcointalk.org) o drogas (www.shroomery.org) se localizó a un mismo usuario llamado “altoid” que participó en varias discusiones sobre Silk Road en sus primeros meses y compartió el enlace de una de las primeras versiones de la web. Unos ocho meses después, ofreció trabajo a programadores interesados en “una empresa emergente de Bitcoin financiada con capital riesgo” firmando con su dirección de Gmail rossulbricht@gmail.com. El 27 de septiembre de 2013, la denuncia penal del FBI ya señalaba a Ross W. Ulbricht, un joven de 29 años residente en San Francisco, como responsable de Silk Road.
El 1 de octubre de 2013, hacia las 15:15, el silencio de la Biblioteca Pública Glen Park de San Francisco se interrumpía por la acalorada discusión de una pareja en una de las salas de lectura. La gente miraba extrañada sin entender muy bien lo que estaba pasando. Ross Ulbricht también levantó los ojos de la pantalla de su portátil, momento que aprovecharon otros tres agentes de paisano para abalanzarse sobre él e inmovilizarle. El éxito de la operación dependía de atraparle mientras navegaba como administrador en Silk Road sin darle tiempo a cerrar el dispositivo, lo que habría bloqueado el acceso inmediato a sus datos cifrados.
La detención de Ulbricht llegó tan solo cuatro días después de la presentación de la denuncia penal. Quizá alguien temía que, después de lo de Forbes, DPR apareciera en el show navideño de los Muppets, pero la rapidez de la detención no supuso el cierre inmediato de todo el ecosistema de Silk Road. Tener el portátil de Ulbricht con la sesión abierta aportaba una prueba crucial y permitía al Gobierno acceder a la administración del mercado. La web del mercado y la de los foros, el hábitat virtual de la comunidad que Ross lideraba, tenían direcciones distintas. Mercado y foro funcionaban sobre infraestructuras separadas. El resultado fue bastante embarazoso: mientras las autoridades habían conseguido cerrar el mercado de Silk Road el 2 de octubre, el foro siguió funcionando durante algo más de siete semanas más. Según el análisis de las copias del servidor presentado por la defensa, el foro siguió activo hasta el 22 de noviembre, cuando las autoridades incautaron su servidor y lo desconectaron.
Esos 51 días fueron fundamentales para que administradores, vendedores y compradores se enteraran de lo que había pasado y fantasearan con unas cuantas descabelladas teorías de la conspiración. Pero, lo que es más importante, tuvieron tiempo más que suficiente para organizarse, cerrar negocios pendientes y trasladarse a los dos mercados competidores de Silk Road que había en ese momento: Sheep y Black Market Reloaded. Además, un grupo de administradores y grandes vendedores anunciaron y prepararon el inminente lanzamiento de Silk Road 2.0. Tendremos tiempo para analizar todos estos eventos en próximas entregas de estas Crónicas. De momento, para no distraernos, seguiremos analizando el destino del Pirata Roberts-Ross Ulbricht, que aún tendría que sufrir huracanes, tormentas eléctricas y enfrentamientos con criaturas mitológicas antes de su sorprendente final.
Hasta aquí la versión oficial tiene lógica interna y es coherente con las pruebas presentadas. Sin embargo, la nueva información oficial que se fue revelando entre 2013 y 2015 hace que la historia vaya mutando desde el terreno de la novela negra para entrar en el de Mortadelo y Filemón y Torrente. A los cargos relacionados con narcotráfico y blanqueo de dinero se sumaron acusaciones que manchaban la imagen del rebelde idealista: encargar a sicarios online la muerte de personas que, según creía DPR, le habían extorsionado o robado, o podían delatarlo.
Uno de los episodios más extraordinarios tuvo como protagonista a Curtis Green, un administrador de Silk Road detenido por las autoridades en enero de 2013. Poco después de su detención desaparecieron unos 20.000 bitcoins de cuentas de vendedores del mercado, valorados entonces en unos 350.000 dólares. DPR sospechó que Green, que estaba colaborando con los investigadores, era también responsable del robo.
Acertaba el Pirata en su primera intuición, pero no en la segunda. El ladrón llevaba una placa federal.
Los bitcoins habían sido sustraídos por Shaun Bridges, un agente del Servicio Secreto infiltrado en la investigación de Silk Road (como Number 13). Bridges había obtenido durante el interrogatorio de Green la información necesaria para acceder a sus cuentas y utilizó esos datos para restablecer contraseñas y transferir los bitcoins a una cartera que él controlaba.
Pero la historia todavía podía complicarse más. Bridges no solo había utilizado la cuenta de Green para cometer el robo: DPR acabó creyendo que Green era el ladrón. DPR buscó una solución definitiva a través de Nob, a quien creía capaz de contratar sicarios. Según la acusación, primero le pidió que dieran una paliza a Green y recuperaran los bitcoins; después cambió la orden por la de mandarlo al otro barrio antes de que pudiera hablar con la policía. Nob se llamaba en realidad Carl Force, el agente de la DEA que mantenía el contacto encubierto con DPR. Force, además de hacer su trabajo, robaba y extorsionaba a sus objetivos en sus ratos libres.
Force y Bridges no tenían ninguna intención de convertir aquello en un asesinato real. En su lugar, participaron en un macabro fotorreportaje para hacer creer a DPR que Green había sido torturado y ejecutado. Según la acusación de Maryland, las fotos de la supuesta tortura se enviaron el 16 de febrero de 2013 y la imagen de su falsa muerte, el 21. Green contó después que, para esta última escena, él y su mujer colocaron sopa de pollo sobre su cara y en el suelo de un cuarto de baño de su casa, haciéndolo parecer el del hotel. Green, naturalmente, colaboraba en la performance con las autoridades.
DPR quedó convencido con el resultado porque, según la declaración judicial de los investigadores, pagó aproximadamente 80.000 dólares en total a Nob por el supuesto asesinato. La acusación de Maryland describe dos transferencias de 40.000 dólares a una cuenta de Capital One Bank facilitada por el agente encubierto: la primera, el 4 de febrero, y la segunda, el 1 de marzo de 2013.
De los supuestos “asesinatos por encargo” es este el único con autores y víctima identificados. Una sesión de fotos con el modelo cubierto de sopa de pollo que cometieron dos de los agentes que debían investigar el caso. Shaun Bridges y Carl Force fueron condenados a prisión por sus actividades corruptas. Curtis Green, la víctima, se convirtió a su salida de la cárcel en uno de los activistas más destacados por la liberación de Ulbricht. Shaun Bridges fue condenado a 71 meses de prisión y Carl Force a 78 meses por los delitos derivados de sus respectivas actividades corruptas durante la investigación de Silk Road.
Por eso hay que hacer una precisión jurídica importante: Ulbricht no fue condenado por un delito de asesinato por encargo. Esos cargos pertenecían a una causa separada en Maryland, que no llegó a juicio. Sin embargo, las pruebas sobre encargos de muerte sí se admitieron en el juicio de Nueva York y la jueza las tuvo en cuenta al fijar la pena. No desaparecieron unos días antes del juicio. La causa de Maryland se archivó definitivamente el 26 de julio de 2018, a petición de la fiscalía, cuando la condena de Nueva York ya había sido confirmada en apelación.
El 4 de febrero de 2015, un jurado popular declaró a Ulbricht culpable y fue condenado por dirigir Silk Road. La frase vale como resumen para un blog aunque es más preciso decir que fue condenado por una combinación de delitos de narcotráfico, blanqueo de capitales, delitos informáticos, fraude de identidad y participación en una empresa criminal continuada, derivados de su papel en la creación y administración del mercado.
Unos meses después, el 29 de mayo de 2015, la jueza Katherine Forrest le impuso dos penas de cadena perpetua y otras de cinco, quince y veinte años, todas de cumplimiento simultáneo, sin posibilidad de libertad condicional. La sentencia podía recurrirse.
¿Por qué se impuso semejante castigo a un delito cometido que básicamente consistió en programar una web?
¿Por qué la jueza cita en su sentencia, sin saberlo, uno de los diálogos más conocidos de la película “Torrente, el brazo tonto de la Ley”?
¿Y por qué la jueza dedicó las páginas 83 a 85 de la transcripción de la vista de sentencia, de 98 páginas, a lo que considero insultos, difamaciones y acusaciones sin pruebas contra el autor de este blog?
Todo esto y más, en la próxima entrega de las Crónicas de la Red Profunda.