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El Submarino del DoctorX

Una mirada propia a las profundidades de Internet.

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Sobre esta página

Historias, tecnología y análisis de los criptomercados de drogas, sus comunidades y su relación con la salud pública y la reducción de daños.

Fernando CaudevillaDoctorX

Esta página está dedicada a divulgar y analizar el fenómeno de los criptomercados de drogas en la Red Profunda (Dark Web): cómo surgieron, qué tecnologías hicieron posible su aparición, cómo han evolucionado y qué consecuencias han tenido sobre los mercados de drogas, las políticas públicas y la reducción de daños.

Aquí encontrarás historias sobre mercados como Silk Road y sus sucesores, pero también analizaremos cuestiones como el anonimato, las criptomonedas, los sistemas de reputación, las comunidades virtuales, los modelos económicos, la evolución de los precios y las políticas de drogas. También hablaremos de las sustancias que circulan por estos mercados, de sus riesgos y de lo que podemos aprender de ellos desde una perspectiva de salud pública.

Si buscas en esta página cómo vender drogas a través de Internet…

Lamentamos comunicarte que te encuentras en el lugar equivocado.

La infraestructura, los conocimientos y las habilidades que requiere ese objetivo sobrepasan los límites de este blog. Y la elaboración, venta o posesión de drogas fiscalizadas con esos fines está castigada por el artículo 368 del Código Penal.

Si buscas en esta página cómo comprar drogas a través de Internet…

Esta página tampoco ofrece instrucciones de compra. Conviene distinguir, no obstante, el tráfico de drogas de la adquisición o posesión exclusivamente para el propio consumo: no son jurídicamente equivalentes.

No obstante, conviene matizar algunos aspectos.

La Ley Orgánica 4/2015, de protección de la seguridad ciudadana, considera infracción grave, en su artículo 36.16, el consumo o la tenencia ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en lugares, vías, establecimientos públicos o transportes colectivos, aunque no estén destinadas al tráfico. Las multas van de 601 a 30.000 euros. El grado mínimo abarca de 601 a 10.400 euros; el medio, de 10.401 a 20.200; y el máximo, de 20.201 a 30.000. La reincidencia puede llevar al grado medio, pero no significa que toda segunda multa sea automáticamente de 10.000 euros: la ley exige más de una infracción de la misma naturaleza en dos años, declaradas por resolución firme en vía administrativa.

La ley sí contempla la capacidad económica del infractor al individualizar la multa y, para los menores, la posible suspensión a cambio de tratamiento, rehabilitación o actividades reeducativas. No establece, sin embargo, una alternativa sanitaria general a la sanción para los adultos. Aun con esas previsiones, considero que la sanción es desproporcionada y abusiva para los numerosos consumidores recreativos no problemáticos. En el caso de quienes tienen un consumo problemático o un trastorno adictivo diagnosticado, la respuesta meramente económica me parece, además, obscena e inadmisible desde la ética sanitaria.

Organismos internacionales y europeos, como la OMS, la UNODC y la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, recomiendan respuestas sanitarias y sociosanitarias y alternativas a las sanciones coercitivas para las personas con problemas derivados del consumo de sustancias. Su abordaje no debería reducirse al castigo.

La evidencia que recoge la OMS sobre los determinantes sociales de la salud sitúa el nivel económico entre los factores de primera magnitud: las condiciones de vida y el acceso a recursos influyen decisivamente en la salud.

No se trata de un riesgo teórico: las estadísticas oficiales registran cientos de miles de actuaciones cada año. El Anuario Estadístico del Ministerio del Interior de 2024 recoge 436.215 denuncias en materia de drogas y, en su estadística de seguridad ciudadana, 239.675 sanciones por el artículo 36.16. Son series con distinto alcance: no debe interpretarse que todas las denuncias de ese año se resolvieran en ese mismo año ni que ambas cifras midan el mismo conjunto de expedientes. La posibilidad de sanciones repetidas y agravadas por reincidencia está prevista en la propia ley. Organizaciones como Amnistía Internacional y el Defensor del Pueblo han cuestionado la amplitud y las garantías de los registros corporales externos del artículo 20 de la LSC. Estas actuaciones pueden desembocar en sanciones por tenencia de drogas, y su proporcionalidad y control merecen atención.

En este contexto, desde mi perspectiva, la adquisición de sustancias fiscalizadas en criptomercados por parte de consumidores mayores de edad, en cantidades justificables para el propio autoconsumo, dentro del espacio europeo y remitidas mediante correo postal ordinario, puede interpretarse como una medida de autoprotección dentro del marco teórico de la reducción de riesgos y daños. Es una valoración sobre las motivaciones y los riesgos que afrontan esas personas, no una garantía de legalidad o seguridad de la operación.

La reducción de riesgos siempre ha funcionado así: poniendo en el centro a las personas y dando respuestas concretas a problemas concretos.

Lo que no encontrarás aquí

Si, por cualquier motivo, has venido a esta página buscando información sobre shows de tortura en vivo transmitidos en streaming, asesinos a sueldo, venta de órganos, tráfico de personas, fotografías y vídeos de abuso sexual infantil… lamentamos comunicarte que te has equivocado de página.

Conviene distinguir los delitos reales y documentados —como la distribución de material de abuso sexual infantil— de las leyendas y los anuncios cuya veracidad no está acreditada. Algunas de esas historias se sostienen muy mal si uno dedica tres minutos a pensar en su lógica. Una afirmación extraordinaria necesita pruebas; la mera existencia de una página no demuestra que lo que anuncia ocurra realmente.

Las red rooms son supuestos shows en vivo en los que la gente paga cantidades astronómicas por presenciar, en riguroso directo, la tortura, mutilación y sufrimiento hasta la muerte de una víctima inocente. No sería riguroso descartarlos por una supuesta imposibilidad técnica: Tor admite vídeo, aunque su rendimiento puede verse limitado por la latencia y la carga de la red. Lo que sí merece escepticismo es dar por probado un espectáculo semejante solo porque alguien lo anuncie. Necesitaría víctimas, instalaciones, cámaras, iluminación, sonido, conexión, servidores, moderación y espectadores dispuestos a pagar. A mi juicio, esa complejidad multiplicaría las oportunidades de cometer errores y dejar pistas; el uso de Tor no garantizaría por sí solo el anonimato de todos los implicados.

La idea de contratar asesinos online se apoya a menudo en la existencia de páginas accesibles a través de Tor en las que se ofrecen estos servicios; también hay casos documentados de ofertas fraudulentas. Esto demuestra que alguien las ha creado, no que den un servicio real. Es el tipo de estafa ideal para que un tonto pague.

El objetivo no es presentar la Red Profunda como un territorio fascinante habitado por genios del crimen y hackers con capucha, ni como el infierno digital que aparece de vez en cuando en los titulares. La realidad suele ser bastante más interesante que ambas caricaturas.

También habrá espacio para hablar de políticas de drogas, prohibición, regulación, reducción de daños y los cambios tecnológicos que están transformando la forma tradicional de comprar, vender y distribuir sustancias. Cuando los datos contradigan una buena historia, nos quedaremos con los datos. Aunque la historia sea mucho más divertida.

Lo que NO encontrarás aquí

Esta página no es un manual para acceder a criptomercados ni una guía para comprar drogas por Internet.

No encontrarás tutoriales para acceder a Tor, direcciones de mercados, enlaces.onion, instrucciones para realizar compras, métodos para ocultar envíos ni procedimientos destinados a facilitar actividades ilegales.

Tampoco pretendemos enseñar a nadie a fabricar, adulterar o utilizar sustancias psicoactivas.

La diferencia es importante: hablar sobre un fenómeno no significa enseñar a participar en él.

Podemos explicar cómo funcionaba un sistema de reputación, analizar por qué Bitcoin resultó importante para estos mercados o estudiar qué ocurrió con un determinado criptomercado. Pero el objetivo será siempre comprender el fenómeno, sus consecuencias y sus riesgos, no enseñar a participar en él.