El día que la tecnología transformó el mercado de drogas #2
El narcotráfico llevaba cincuenta años funcionando igual. Entonces llegó Internet: anonimato, comunicación cifrada y un nuevo sistema de pagos cambiaron las reglas.
· Aguas territoriales
La revolución digital había transformado casi todos los mercados. El de las drogas tardó más, porque la Prohibición las había dejado fuera de juego las reglas que gobernaban el resto del comercio. Entonces aparecieron las piezas tecnológicas que permitieron construir un nuevo modelo.Y alguien las juntó.
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Como señalamos en el post anterior, la Prohibición impidió a las drogas ilegales acceder a la revolución en el comercio que supuso Internet a mediados de los noventa del siglo pasado.. El mercado existía y funcionaba bien como hemos visto, pero sin tiendas, contratos reconocidos, publicidad, sistemas legales de pago ni mecanismos oficiales para garantizar la calidad de los productos o resolver los conflictos entre compradores y vendedores. Internet había eliminado la distancia entre las personas y los productos, pero esos obstáculos habían impedido utilizarlo como canal de distribución.
A partir de 2011 la situación cambió y las drogas se incorporaron al circuito de las nuevas tecnologías. Es un fenómeno que está aun en sus primeras etapas y el objetivo de este blog es precisamente ese: relatar un proceso que inevitablemente transformará el negocio como el MP3 lo hizo con la industria audiovisual.
El mercado frente a la tienda:
Las ventajas de comprar a través de Internet incluyen el menor tiempo invertido y el acceso a un catálogo más amplio de productos. Pero al comprar on-line se pierde la experiencia de ver, tocar e interactuar con el objeto físico antes de su adquisición, por lo que la compra puede estar por debajo de las expectativas del comprador. A esto hay que añadir las posibles complicaciones del traslado y la entrega. Los teléfonos de atención al cliente son en realidad un reto a su paciencia, ya que éste sólo podrá contactar con un ser humano al otro lado de la linea tras una sucesión casi infinita de mensajes grabados a los que hay que contestar con asterisco o almohadila.
A las franjas horarias excesivamente largas de las empresas de mensajería se une el hábito del transportista de avisar por teléfono en el momento de la entrega cuando nadie ha contestado en el domicilio, en lugar de hacerlo antes.

Una de las diferencias más importantes entre comprar unas zapatillas y un gramo de cocaína es la ausencia de mecanismos que protejan los derechos del comprador. En el mundo real las hojas de reclamaciones activan mecanismos para que el Estado (en España a través de las Comunidades Autónomas) ejerzan como árbitros en el caso de desacuerdo entre vendedor y clientes. Si esta vía no resuelve el conflicto, se activan de forma automática los procedimientos judiciales que determinan la solución. Este arbitraje no está presente en el mercado del éxtasis o la cocaína, que solo contempla la aplicación del Código Penal como única respuesta para la venta de estas sustancias.

La paradoja es que los espacios virtuales sí facilitan esta función de arbitraje entre compradores y vendedores. Los criptomercados son estos espacios virtuales en los que vendedores y compradores realizan sus transacciones de una forma ordenada de acuerdo a las normas que su administrador ha determinado. Unas normas que buscan regular que el vendedor envía el producto y el comprador lo recibe en las condiciones que se han fijado. A cambio, el administrador recibe una comisión de ambas partes por realizar estas funciones.

Un mercado clandestino no puede llamar a un banco para cobrar, anunciarse abiertamente, verificar públicamente la identidad de sus participantes o acudir a los tribunales cuando una de las partes incumple un contrato. Los criptomercados cumplen todas estas funciones, de forma limitada porque son susceptibles de hackeos, estafas, cierres por parte del propio administrador, además de la acción de la Policía. Pero son el primer escenario en el que las drogas fiscalizadas han sido sometidas a algún tipo de control o regulación.
Una cuestión de perspectiva:
Creo que era necesario este desvío por la carretera secundaria de las consecuencias de la Prohibición antes de reincorporarnos a la autopista principal: la fusión entre Internet y los mercados de drogas ilegales. A partir de 2011, existe la posibilidad de adquirir cocaína, heroína o LSD sentado delante del PC o el teléfono movil y esperar unos días a que el producto llegue a casa a través del correo postal. El riesgo de ser engañado o estafado es probablemente algo más elevado que el del comprador de unas zapatillas de deporte Nike auténticas en eBay o el que adquiere una réplica de la Estrella de la Muerte de Lego falsificada en Aliexpress. Pero aún así es un riesgo bajo si lo comparamos con comprarle a un desconocido en el baño de una discoteca o la esquina oscura de un callejón del centro de la ciudad.
He puesto los ejemplos concretos de eBay o Aliexpress porque los criptomercados tienen un funcionamiento y una estructura muy parecidos a estos dos gigantes. En realidad, el consumidor no compra en eBay sino a través de eBay..De forma análoga, los criptomercados ponen en contacto a personas que quieren vender drogas con personas que quieren comprar drogas y la plataforma ejerce una función de árbitro cuando hay problemas, además de obtener una pequeña comisión en cada operación.
Este nuevo paradigma puede tener distintas lecturas. Puede interpretarse como una amenaza, una nueva pieza de caza a batir, un peligro del que hay que defenderse atacando sobre todo por el bien de la Sociedad. Especialmente por el bien de los niños, aunque los niños estén más interesados en las videoconsolas o el K-pop que en estos asuntos. Una amenaza es de tal magnitud que, ahora más que nunca, obliga a dotar a las Fuerzas del Orden de todos los recursos necesarios para cerrar los mercados y detener a vendedores y administradores. La Justicia administre castigos de severidad suficientes para que nadie caiga en la tentación de operar en estas plataformas.
Desde la perspectiva de las dinámicas de los mercados de drogas, la irrupción de los criptomercados puede llegar a producir un efecto de redistribución de algunas de sus características que, al menos en teoría, pueden llegar a modificar de forma significativa el panorama de la compra y venta en diferentes aspectos. El grado de esta transformación dependerá de su capacidad de crecer y expandirse:
Las sustancias de uso recreativo más frecuentes suelen ser fácilmente accesibles tanto en las capitales y grandes ciudades. See incautaciones en España de MDMA, cocaína o cannabis demuestra que en casi todas las capitales de provincia
Desde el punto de vista mediático, las drogas han sustituído al sexo como elemento para escandalizar,aterrorizar y mantener atento al telespectador hasta la siguiente pausa publicitaria. Las Casas Reales han contribuido a normalizar divorcios e infidelidades y especular con la orientación sexual de futbolistas, actores o ministros ha perdido interés , además de ser politicamente incorrecto. Drogas que te convierten en caníbal o en zombie, discotecas en las que un desconocido pincha a las chicas para luego abusar de ellas, sustancias que anulan tu voluntad y te obligan a revelar el número secreto de tu tarjeta de crédito son temas mucho más atractivos a nivel mediático siempre que el espectador esté dispuesto a renunciar a utilizar su pensamiento crítico aunque sea un minuto. Las oscuras profundidades de Internet son, en este sentido, terreno fértil donde mezclar la venta de drogas con la de órganos, canales de streaming que emiten torturas reales en directo o asesinos a sueldo que matan a tu suegra si les mandas una foto suya y una sustanciosa suma de dinero.
Pero desde la perspectiva de esos crecientes 331 millones de personas que no pueden o no quieren dejar de utilizar drogas, también puede considerarse como un acto legítimo de autodefensa que por un lado evita el contacto físico directo con individuos y escenarios relacionados con el mundo del crimen, y por otro disminuye el riesgo de sufrir las consecuencias de una legislación mas cerca del medievo o de las teocracias que del mundo civilizado.
Pero la prohibición también cambia el mercado
Hasta ahora hemos hablado de las consecuencias de las políticas de drogas sobre las personas, la salud pública, las instituciones y la sociedad. Hay otra consecuencia menos evidente: la prohibición obliga al mercado de drogas a funcionar fuera de las estructuras normales del comercio.
Cuando ese mercado llega a Internet, todos esos problemas siguen ahí. Solo que ahora hay que resolverlos mediante tecnología.
El pequeño problema de vender drogas por Internet
Para que un sistema de venta de drogas online fuera viable debía resolver tres problemas:
- Proteger la identidad de compradores y vendedores
- Permitir una comunicación cifrada cuyo contenido no pudiera ser leído por terceros
- Disponer de un sistema de pagos que no dependiera del sistema financiero tradicional.
Lo interesante es que estas tres tecnologías no surgieron juntas ni fueron desarrolladas para el comercio de drogas. Se fueron creando de forma independiente desde mediados de la década de 1990 y terminaron encajando, casi por accidente, como las piezas de un mismo mecanismo.
El primer problema era ocultar desde dónde se conectaba el usuario. El U.S. Naval Research Laboratory (NRL) desarrolló durante la década de 1990 el onion routing, una tecnología destinada a dificultar la identificación del origen de las comunicaciones a través de Internet. Sobre esa tecnología se desarrolló posteriormente Tor, cuya primera versión pública apareció en 2002 y que desde entonces está disponible como proyecto de código abierto (2). Tor permitía ocultar la dirección IP del usuario frente al destino de la comunicación y acceder a servicios cuya localización también permanecía oculta.
El segundo problema era la comunicación. PGP y, posteriormente, GPG permitían cifrar mensajes de forma que su contenido no pudiera ser leído por terceros que no dispusieran de la clave necesaria para descifrarlos. Una tecnología desarrollada para proteger las comunicaciones digitales se convertiría así en una herramienta fundamental para mantener conversaciones privadas entre compradores y vendedores.
Quedaba el dinero. En 2008, una persona o grupo bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto publicó el documento Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System (3). Al año siguiente comenzó a funcionar la red Bitcoin, la primera criptomoneda descentralizada con una red abierta y sin necesidad de una autoridad central que validara las transacciones. No proporcionaba anonimato absoluto, pero permitía realizar pagos sin recurrir a bancos y sin revelar necesariamente la identidad real de las partes. Las piezas estaban empezando a encajar: una tecnología para dificultar saber quién se conectaba, otra para proteger lo que se decía y una tercera para enviar dinero sin pasar por un banco. Ninguna había sido diseñada para vender drogas. Juntas, sin embargo, hacían posible imaginar algo que hasta entonces parecía imposible: un mercado ilegal en el que comprador y vendedor podían hacer negocios sin llegar a conocerse físicamente.
El internauta que se pasó de listo
Así que desde el año 2009 estaban disponibles las tecnologías necesarias para hacer posible un mercado de drogas a través de Internet. Dos años más tarde, el 23 de enero de 2011, se publicó un blog en WordPress cuyo único contenido era este texto:

El único comentario publicado en el blog decía:

No estuvo muy acertado el internauta en su pronóstico. La web Silk Road fue el primer mercado estable y duradero que demostró que comprar drogas fiscalizadas online era posible, eficaz y razonablemente seguro. En sus dos años y medio de existencia (2011-2013), miles de traficantes distribuyeron cientos de kilos de drogas ilegales a más de 100.000 compradores con un volumen de ventas estimado entre 100 y 214 millones de dólares. Desde entonces han evolucionado, se han hecho más sencillos de utilizar y han incorporado nuevas opciones, siempre manteniendo una estructura basada en la de Silk Road.
Una tecnología que ya no puede desaparecer
Los criptomercados son una nueva forma de intercambio comercial para unos bienes de consumo sujetos a reglas de clandestinidad y castigo durante el siglo XX: las drogas fiscalizadas por las Convenciones de Naciones Unidas de 1961, 1971 y 1988. Lo que han demostrado es que una parte de ese comercio podía funcionar de otra manera, utilizando herramientas diseñadas para proteger la identidad, intercambiar información y mover dinero a través de Internet. Y cuando una posibilidad tecnológica se demuestra viable, resulta difícil devolverla al territorio de lo imposible.
Desde la década de los 80 del siglo pasado, la “Guerra contra las Drogas” se ha caracterizado por destinar recursos casi infinitos al “control de la oferta” mediante la persecución y castigo a productores, intermediarios, vendedores y consumidores con unos resultados pésimos y casi siempre contraproducentes. Utilizar las mismas herramientas con los criptomercados producirá los mismos problemas.
Referencias:
United Nations Office on Drugs and Crime. (2025). World drug report 2025. United Nations. World Drug Report 2025
The Tor Project. (s. f.). History. Tor Project: History
Nakamoto, S. (2008, 31 de octubre). Bitcoin: A peer-to-peer electronic cash system. Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System
Soska, K., & Christin, N. (2015). Measuring the longitudinal evolution of the online ano
nymous marketplace ecosystem. Proceedings of the 24th USENIX Security Symposium (USENIX Security 15), 33–48. Artículo completo en USENIX
United Nations Office on Drugs and Crime. (2008). A century of international drug control. United Nations. Capítulo en World Drug Report 2008
Lunze, K., Lermet, O., Andreeva, V., & Hariga, F. (2018). Compulsory treatment of drug use in Southeast Asian countries. International Journal of Drug Policy, 59, 10–15. https://doi.org/10.1016/j.drugpo.2018.06.006
United Nations Office on Drugs and Crime, & Joint United Nations Programme on HIV/AIDS. (2021). Compulsory drug treatment and rehabilitation in East and Southeast Asia: Executive summary. United Nations Office on Drugs and Crime
Bureau of Justice Statistics. (1994, October 2). Comparing federal and state prison inmates, 1991. U.S. Department of Justice. https://bjs.ojp.gov/press-release/comparing-federal-and-state-prison-inmates-1991
https://www.everycrsreport.com/files/20191129_R43813_384d3a6e05644224f9639f218f382a72cc70ea57.html