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El día en el que las drogas entraron al mercado digital (I)

El proceso para comprar drogas ha sido el mismo durante décadas: conocer a alguien o conocer a alguien que conoce a alguien, desplazarse hasta un sitio, esperar un rato (porque los dealers clásicos siempre llegan un poco tarde) y cruzar los dedos para que no surgieran contratiempos. A partir de 2011, y gracias a Internet, todo empezó a cambiar.

Fernando CaudevillaDoctorX · 10 min de lectura

· Aguas territoriales

El proceso para comprar drogas ha sido el mismo durante décadas: conocer a alguien o conocer a alguien que conoce a alguien, desplazarse hasta un sitio, esperar un rato (porque los dealers clásicos siempre llegan un poco tarde) y cruzar los dedos para que no surgieran contratiempos. A partir de 2011, y gracias a Internet, todo empezó a cambiar.

1.- Internet cambió las reglas del comercio

En el siglo XX, Comprar entradas para el estreno de una película o un partido de fútbol implicaba ponerse detrás de otra persona, formando una cola de longitud proporcional a la importancia del evento. Por entonces, en las grandes ciudades existían enormes tiendas especializadas en libros o discos. Los aficionados a algún género literario o musical específico podían pasarse horas en busca de tesoros escondidos entre montañas de productos. En aquellos tiempos la información escrita se registraba en papel y para enterarte de las noticias del día anterior había que comprar un periódico, un fajo de hojas de papel de mala calidad, difíciles de manejar y con tendencia a arrugarse. Para orientarse la gente también usaba papeles llamados "planos" y "mapas" que compartían el mismo problema: ocupaban mucho espacio, se arrugaban con facilidad y, al menor golpe de viento, podían salir volando.

Nada de esto llegó intacto al siglo XXI. En dos décadas el PC, la tableta y el smartphone asumieron muchas de las funciones del papel y la tinta. La gente siguió leyendo libros o periódicos y consultando mapas. Pero el formato cambió y los que trabajaban en negocios relacionados con estas actividades tuvieron que adaptarse a la nueva realidad o buscarse otra ocupación.

Los cambios no se quedaron allí: el MP3, la compresión de vídeo y los programas de intercambio de archivos digitales obligaron al sector del entretenimiento a reinventarse o morir. El CD, el DVD y el Blu-ray habían dejado de dar dinero tras convertirse en conjuntos de unos y ceros accesibles para cualquiera en el ciberespacio. La industria del cine tuvo que aceptar que el salón de casa iba a sustituir a la sala de cine y no le quedó más remedio que explorar las posibilidades de las plataformas de streaming. En el sector discográfico, las estrellas del pop tuvieron que aceptar aparecer en carne mortal con más frecuencia ante sus fans. La experiencia física del directo era lo único que no se podía digitalizar.

En pocos años, Internet transformó de forma rápida y masiva la distribución de bienes y servicios en una revolución del comercio sin precedentes en la Historia.

Amazon (1994) y eBay (1995) contribuyeron decisivamente a establecer un nuevo paradigma: la desaparición de la distancia física entre el producto y el comprador. La pimienta de Kampot, un poncho de alpaca boliviana, una máscara de lucha libre mexicana o incluso un sintetizador soviético de segunda mano se encuentran a un par de clics de distancia… La novedad no era la compra por correo, sino su masificación, expansión y velocidad. Comprar por Internet pasó de ser una rareza a incorporarse a la vida cotidiana, hasta convertir en hábito algo que poco antes parecía extraordinario: tener prácticamente cualquier cosa a unos pocos clics y recibirla en casa poco después.

Casi todas las estructuras comerciales se han visto transformadas desde la llegada de Internet, pero la mutación ha sido especialmente importante en aquellas en las que intervienen múltiples intermediarios. Además de las tiendas de libros y CDs, las agencias matrimoniales, de empleo y de viajes, los corredores de bolsa o las casas de apuestas se vieron obligadas a reencarnarse en conjuntos de unos y ceros en el ciberespacio para sobrevivir.

Distintos productos accesibles a través de Internet

2.- ¿Por qué las drogas se quedaron fuera de Internet?

Tan solo un gran mercado de la sociedad de consumo no se vio afectado por la irrupción de Internet: el de las drogas ilegales. Las reglas del juego que habían funcionado en contenedores de mercancías, baños de las discotecas o las chabolas del extrarradio permanecían inmunes a los efectos de las redes sociales, el big data, el cloud computing… El terremoto que había transformado el comercio, el sistema financiero y las telecomunicaciones parecía haber tenido un efecto limitado sobre la industria del narcotráfico.

Para adquirir drogas, en esencia, seguía siendo necesario conocer a un distribuidor, encontrarse con él e intercambiar mercancía por dinero.

La explicación de esta anomalía está en los libros de Historia. Desde las Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860), los tratados internacionales fueron endureciendo el control de determinadas sustancias hasta desembocar en las tres Convenciones de Naciones Unidas (1961, 1971 y 1988). En lugar de "controlar", "regular" o "ordenar", lo que se hizo en la práctica fue "prohibir" las actividades (cultivo, producción, elaboración, transporte, distribución y consumo) relacionadas con determinadas sustancias, transfiriendo este control desde los Gobiernos y las empresas privadas a mafias y grupos criminales.

Analizar el marco histórico y las consecuencias que han tenido las Políticas de Drogas es fundamental para entender el significado de su incorporación al mercado global a través de Internet. Por eso he dedicado al asunto este post separado. No es imprescindible hacerlo ahora para entender, pero pretende aportar una perspectiva adicional complementaria a este análisis.

Aunque aquí también utilizaremos el término por comodidad, las drogas ilegales no existen. Si la heroína fuera ilegal, la meterían en la cárcel. Pero en realidad están en riesgo de ir a la cárcel las personas por comprarla, venderla, poseerla, transportarla, regalarla, elaborarla o consumirla. La actividad concreta y el punto del globo terráqueo en el que se encuentre la persona determina la diferencia entre estar dentro de la ley o fuera de ella y el castigo que recibirá en el segundo caso, que varía entre la multa, la cárcel, un ingreso involuntario para un tratamiento que no se ha pedido o directamente la muerte.

Como señala el pie de la nota, la tabla es un resumen simplificado y las consecuencias legales están condicionadas por muchos factores que no podemos detallar (por un lado por su complejidad y por otro porque no somos expertos en aspectos legales). Pero pone de manifiesto las enormes diferencias entre las consecuencias de relacionarse con la heroína y otros bienes de consumo.

Queda así más clara la trascendencia de este salto de las drogas a Internet, que es el tema central de este blog. La Prohibición obliga al mercado de drogas a funcionar fuera de las estructuras que rigen el comercio de otros productos. Un mercado clandestino no puede llamar a un banco para cobrar, anunciarse abiertamente, verificar públicamente la identidad de sus participantes o acudir a los tribunales cuando una de las partes incumple un contrato.

Con todas estas consideraciones se comprende mejor el significado de la incorporación de las drogas al comercio global a través de Internet.

3.- El problema de la regulación.

La solución más sencilla al problema parecería ofrecer y adquirir drogas a través de foros, listas de correo, aplicaciones de contactos o servicios de mensajería. Estas estrategias tienen la ventaja de ser fáciles y accesibles para cualquier interesado sin necesidad de conocimientos tecnológicos. Pero, en la mayoría de los casos, lo único que hacen es facilitar el que compradores y vendedores puedan ponerse en contacto en el mundo real. Son fácilmente interceptables por las Fuerzas del Orden y no resuelven los problemas principales: normas, garantías, reputación y resolución de conflictos.

Porque otra de las diferencias entre el comercio de drogas ilegales y el resto de bienes de consumo es la ausencia de herramientas que protejan al consumidor. En el mundo real hay normativas específicas, garantías, controles sanitarios o de calidad... También existen mecanismos de arbitraje y mediación como los que proporcionan las Administraciones Autonómicas a través de las hojas de reclamación. Y existe la posibilidad de acudir a los tribunales de justicia cuando todos estos fallan.

Estos mecanismos no están presentes en el mercado del éxtasis o la cocaína. El consumidor está a merced de las condiciones que impone la industria del narcotráfico, que no suele tener entre sus prioridades la satisfacción del cliente ni la responsabilidad social corporativa. En España, el Código Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana son las dos únicas respuestas para la venta de estas sustancias y ninguna contempla los derechos del consumidor.

Una estructura de mercado proporciona una solución parcial a estos problemas. El mercado pone en contacto a compradores y vendedores bajo unas reglas que el administrador del mercado establece. Este sistema otorga al administrador un papel de arbitraje ante los conflictos y permite construir reputación dentro de él: los vendedores que sirven productos de calidad y de forma rápida se posicionan mejor, lo que estimula la competencia.

Los mercados de drogas siguen siendo clandestinos y no constituyen un sistema de regulación perfecto. La adulteración, el fraude y la estafa siguen siendo posibles, tanto por parte de los vendedores como del propio administrador del mercado. Los mercados de drogas son vulnerables a la acción de las Fuerzas del Orden, aunque este abordaje es aún menos eficiente que en la lucha contra en narcotráfico en el mundo físico.

Los mercados de drogas de la darkeb no son la mejor solución ni la más deseable para gestionarlas. Pero son el primer experimento para regular este mercado desde hace 60 años. Y no se puede negar funciona, con todas sus limitaciones e imperfecciones.

Además, para que un sistema de compraventa de drogas online fuera viable debía resolver varios problemas:

  • Proteger el anonimato de los actores participantes (compradores, vendedores y el propio administrador) ocultando su identidad y localización reales, así como la del servidor donde se aloja el mercado.
  • Verificar su identidad no en el sentido de asociarlos a un nombre y apellidos de personas en el mundo físico, sino asegurando la persistencia tras el pseudónimo. Es decir: no se trata de que el sistema vincule al DoctorX con Fernando Caudevilla. Lo que importa es garantizar que, cada vez que DoctorX opera en Internet, lo hace solo esa persona que ha construido esta identidad virtual y no otra que se hace pasar por él.
  • Permitir una comunicación cifrada cuyo contenido no pudiera ser leído por terceros.
  • Disponer de un sistema de pagos que no dependiera del sistema financiero tradicional.

Lo verdaderamente sorprendente es que la solución a estos problemas surgió de la combinación de tecnologías que surgieron de forma independiente y no habían sido diseñadas para el comercio de drogas. Se fueron creando de forma separada desde mediados de la década de 1990, en laboratorios del Ejército de Estados Unidos o dentro de foros de hackers y expertos en ciberseguridad, y terminaron encajando, casi como si fueran las piezas de un mismo mecanismo. Hablaremos sobre Tor, el cifrado PGP y Bitcoin en la segunda parte de este post.

4.- El internauta que se pasó de listo

Así que desde el año 2009 estaban disponibles las tecnologías necesarias para hacer posible un mercado de drogas a través de Internet. Dos años más tarde, el 23 de enero de 2011, se publicó un blog en WordPress cuyo único contenido era este texto:

Anuncio histórico de Silk Road (2011). Captura aportada por el autor en el documento original.

El único comentario publicado en el blog decía:

Comentario de 2011 en el que un lector sospecha que Silk Road es una estafa
Comentario de un lector que sospecha de una estafa (2011). Captura aportada por el autor en el documento original.

No estuvo muy acertado el internauta en su pronóstico. La web Silk Road fue el primer mercado estable y duradero que demostró que comprar drogas fiscalizadas online era posible, eficaz y razonablemente seguro. En sus dos años y medio de existencia (2011-2013), miles de traficantes distribuyeron cientos de kilos de drogas ilegales a más de 100.000 compradores con un volumen de ventas estimado entre 100 y 214 millones de dólares. Desde entonces han evolucionado y multiplicado en su volumen, se han hecho más sencillos de utilizar y han incorporado nuevas opciones, manteniendo una estructura basada en la de esta web.

5.- Una tecnología que ya no puede desaparecer

Los criptomercados son una nueva forma de intercambio comercial para unos bienes de consumo sujetos a reglas de clandestinidad y castigo durante el siglo XX: las drogas fiscalizadas por las Convenciones de Naciones Unidas de 1961, 1971 y 1988. Lo que han demostrado es que una parte de ese comercio podía funcionar de otra manera, utilizando herramientas diseñadas para proteger la identidad, intercambiar información y mover dinero a través de Internet. Y cuando una posibilidad tecnológica se demuestra viable, resulta difícil devolverla al territorio de lo imposible.