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El día en el que las drogas entraron al mercado digital (II)

En 2011, comprar drogas por Internet dejó de ser una posibilidad teórica y empezó a convertirse en un modelo de mercado. Para hacerlo posible tuvieron que encajar varias piezas: normas comerciales, tecnologías de privacidad y una forma de dinero que no dependiera de los bancos.

Fernando CaudevillaDoctorX · 19 min de lectura

· Aguas territoriales

En 2011, comprar drogas por Internet dejó de ser una posibilidad teórica y empezó a convertirse en un modelo de mercado. Para hacerlo posible tuvieron que encajar varias piezas: normas comerciales, tecnologías de privacidad y una forma de dinero que no dependiera de los bancos.

Como señalamos en la primera parte de este post, los criptomercados son espacios virtuales en los que vendedores y compradores realizan sus transacciones de acuerdo con las normas establecidas por su administrador. Estas normas buscan garantizar que el vendedor envíe el producto y que el comprador lo reciba en las condiciones acordadas. A cambio, el administrador recibe una comisión de una o ambas partes por realizar estas funciones.

Las normas de un mercado que no es anárquico

Todos los criptomercados operan bajo unas normas establecidas por sus administradores. Incumplirlas supone la suspensión temporal o definitiva del derecho a utilizarlos, lo que tiene consecuencias directas sobre la reputación del comprador o del vendedor. Esto es especialmente importante para los vendedores: eludir el castigo implica registrarse con otro pseudónimo, empezar desde cero y perder la reputación construida en torno a su identidad en la Dark Web. Este refuerzo negativo empuja a los vendedores a aceptar los códigos de comportamiento que imponen los criptomercados.

Presentar los criptomercados como espacios de anarquía en los que se puede comprar y vender absolutamente cualquier producto es una fantasía propagada por medios de comunicación y profesionales dados al aspaviento y la exageración. La existencia de normas dictadas por un administrador humano es lo que da sentido al criptomercado como espacio en el que funciona una regulación.

Este modelo, inaugurado por Silk Road (2011-2013), ha inspirado al resto de los criptomercados hasta hoy. Se caracteriza por una estructura centralizada que otorga al administrador todo el poder y la responsabilidad. Se han propuesto otros tipos de mercados descentralizados, como OpenBazaar, un proyecto de código abierto activo entre 2016 y 2021. Estos mercados funcionarían de forma automática, sin intervención humana en su administración y sin posibilidad de cierre o ataque a su estructura al no alojarse en un servidor único, sino en los equipos de sus participantes. Esto, al menos en teoría, haría posible la compra y venta de cualquier producto susceptible de ser comercializado sin dejar espacio para consideraciones éticas.

Las normas que rigen los criptomercados son bastante parecidas entre sí y pueden clasificarse en dos categorías:

Normas internas:

La primera se refiere al comportamiento interno y la gobernanza del mercado. Algunas normas comunes son:

El pago de una tasa de entre 300 y 1.000 euros para registrarse como vendedor constituye un primer filtro: permite distinguir a quienes tienen realmente un producto que ofrecer. Los vendedores se comprometen a eliminar los datos reales del comprador (nombre y dirección física) una vez finalizada la operación. El uso de imágenes originales y únicas para describir sus productos, la obligación de etiquetar un pedido como «enviado» solo cuando el producto entra en el sistema postal, la prohibición de comprarse a sí mismos para incrementar su reputación mediante reseñas positivas falsas y la de forzar a los compradores a pagar por adelantado son normas comunes en todos los mercados.

Tanto compradores como vendedores tienen prohibido comerciar o comunicarse fuera de la estructura del mercado. Esta regla asegura que el vendedor se somete al sistema de depósito de fondos, que protege al comprador, y que el administrador obtiene los beneficios derivados de las comisiones de cada compra. En la práctica, el control solo se puede ejercer sobre los vendedores: el administrador se hace pasar por comprador y propone este tipo de trato para comprobar que la norma se cumple.

Qué se puede vender y qué no:

Productos permitidos:

  • Drogas fiscalizadas: Cannabis, MDMA, psicodélicos, estimulantes (cocaína y anfetaminas) y opioides constituyen entre el 60% y el 80% de la oferta global
  • Fármacos de prescripción: Cualquier medicamento puede ser vendido o comprado en la Dark Web, aunque los más ofrecidoss son aquellos en los que obtener una receta puede ser particularmente complicado (ansiolíticos, estimulantes, esteroides y opiáceos) o aquellos en los que existe un margen amplio de beneficio o ahorro frente al mercado convencional (fármacos para facilitar la erección).
  • Servicios digitales y guías: Manuales de seguridad, software y herramientas de privacidad.
  • Datos financieros y documentos ( Carding ): Plataformas como Black Market Reloaded (2012-2013) , Evolution (2014-2015) o AlphaBay (2014-2017) han permitido la venta de datos de tarjetas de crédito, accesos a cuentas o documentos falsos.

Productos Prohibidos:

La inmensa mayoría de los principales criptomercados han establecido restricciones explícitas sobre determinados productos y servicios. Unos resultan éticamente inaceptables; otros convertirían al mercado en un objetivo prioritario para la policía. Los recursos policiales son limitados y los daños potenciales de un kilo de explosivos son mucho mayores que los de un kilo de MDMA. Por eso, los mercados que ofrecieran este tipo de productos se expondrían a una mayor prioridad en la acción policial.

  • Opioides de alta potencia (Fentanilo y análogos): A partir de 2016, pequeñas plataformas como Darknet Heroes League (2015-2017) y Hansa (2015-2017) prohibieron la venta de fentanilo debido al elevado número de muertes por sobredosis y al riesgo extremo que representaban tanto para sus usuarios y como para la propia continuidad del sitio.Esta política fue posteriormente adoptada por gigantes como Dream Marketplace (2013-2019) y Hydra (2015-2022).
  • Pornografía y abuso sexual infantil (CSAM): Prohibidos de forma explícita, tajante y universal en los términos de servicio de prácticamente todos los criptomercados.
  • Armas de fuego y explosivos: Silk Road creó brevemente una sección separada llamada The Armory para armas de fuego,. Cerró a los pocos meses al no vender ni un solo ejemplar. La venta de armas de fuego está expresamente prohibida en casi todos los mercados de drogas posteriores. Alphabay (2014-2017) fue una de las excepcioness más destacadas entre los grandes mercados. hasta el momento la única excepción notable . Durante el periodo que lideró el mercado de los criptomercados (corregir) se produjeron detenciones tanto de compradores como de vendedores de armas de fuego y granadas de mano procedentess de aquel mercado. En Mayo de 2017 una operación conjunta de Europol y la policía eslovaca dio lugar a la clausura y detención de los administradores del mercado eslovaco Bloomsfield , quienes, además de dirigirlo, ofrecían armas como vendedores.
  • Armas de destrucción masiva, productos químicos mortales y venenos: Los mercados excluyen la compraventa de sustancias sin uso medicinal o potencial recreativo, si su uso potencial más probable es causar la muerte. La categoría también incluye armas biológicas y nucleares, en el caso hipotético de que algún vendedor tuviera acceso a este tipo de material.
  • Asesinatos a sueldo: Por si algún sicario es tan idiota como para atraer la atención policial anunciando sus servicioss abiertamente en un mercado, éstos prohiben cualquier forma de contratación de servicioss que incluyan violencia física, mutilaciones y asesinatos.
  • Tráfico de personas: Las dificultades técnicas para enviar una persona por correo hacen que estos productos sólo estén disponibles en mercados como fruto de la imaginación de algunos periodistas y la nula capacidad de análisis de sus lectores.
  • Venta de órganos para transplante: La justificación es la misma que en el ejemplo anterior. La extracción, transporte y manejo de órganos humanos requiere de una complejidad técnica que hace imposible su gestión a través del correo.Un riñón humano no es medio kilo de jamón serrano

Es en esta segunda categoría donde se observa una mayor variabilidad a lo largo del tiempo. Silk Road (2011-2013) fue un modelo de mercado centrado exclusivamente en las drogas, frente a su competidor Black Market Reloaded (2012-2013), que ofrecía también armas, explosivos, datos de fraude con tarjetas (carding) y software dañino. Desde entonces, algunos grandes mercados, como Archaetyp (2020-2025), se centraron exclusivamente en sustancias fiscalizadas. También han existido mercados especializados en cannabis, como Budster o Cannabis Road I, II y III.

Otros mercados que llegaron a ser líderes nacieron con una orientación y cambiaron debido a las circunstancias. Es el caso de AlphaBay (2014-2017), que surgió como una plataforma orientada al robo de credenciales bancarias, el fraude financiero y el software malicioso. Tras el desmantelamiento de Evolution en marzo de 2015 y el cierre voluntario de Agora en agosto de ese mismo año, los grandes vendedores de drogas migraron masivamente a AlphaBay, transformándolo en una plataforma dominada por las sustancias.

La mayoría de los grandes mercados activos en 2026 permiten la venta de productoss fraudulentos aunque suponen una pequeña fracción con respecto al total, dominado por lass drogas. En algunos momentos este tipo de productos han sido muy representativos dentro de algunos mercados líderes: un análisis de los 92.980 anuncios y 4.171 vendedores disponibles en Evolution a finales de 2014 mostró que un 37% de los productos pertenecían a estas categorías.

Anonimato y privacidad: las piezas tecnológicas

Ya dejamos claras las consecuencias legales que puede tener el hecho de vender (y en muchos casos también comprar) drogas fiscalizadas. Así que ocultar la localización de compradores, vendedores y el propio servidor donde se aloja el criptomercado eran condiciones imprescindibles para crear un sistema de compraventa de drogas online viable. Otro de los problemas fundamentales a resolver era garantizar la comunicación cifrada entre dos partes, de manera que no pudiera ser interceptada por una tercera.

  • Ocultar la localización de compradores y vendedores.
  • Permitir una comunicación cifrada cuyo contenido no pudiera ser leído por terceros.
  • Disponer de un sistema de pagos que no dependiera del sistema financiero tradicional.

Lo interesante es que estas tres tecnologías no surgieron juntas ni fueron desarrolladas para el comercio de drogas. Se fueron creando de forma independiente desde mediados de la década de 1990 y terminaron encajando, casi por accidente, como las piezas de un mismo mecanismo.

Ocultar la localización de las comunicaciones:

Las conexiones a Internet se realizan a través de una dirección IP, una etiqueta que identifica nuestros ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes cuando navegamos. El U.S. Naval Research Laboratory (NRL), el laboratorio de investigación de la Armada y del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, desarrolló durante la década de 1990 el onion routing, una tecnología destinada a dificultar la identificación del origen de las comunicaciones a través de Internet. Su objetivo era facilitar el acceso a Internet en países donde existe censura en la Red y facilitar el trabajo de periodistas o activistas sin que pudieran ser localizados.

Sobre esa tecnología se desarrolló posteriormente el navegador Tor, cuya primera versión pública apareció en 2002 y que desde entonces está disponible como proyecto de código abierto (2). Tor permite ocultar la dirección IP del usuario frente al destino de la comunicación y acceder a servicios cuya localización también permanece oculta.

Existen distintos niveles o capas de seguridad, según el tipo de actividad prevista y el grado de paranoia del usuario. Tor funciona con Windows, aunque los puristas prefieren utilizarlo con Linux. Tails es un sistema operativo que permite arrancar el ordenador desde un USB y está diseñado para no dejar datos persistentes en el equipo. Existen sistemas operativos como Whonix o Qubes OS que proporcionan capas adicionales de seguridad.

Tor ha demostrado ser un sistema resistente. El Gobierno ruso hizo pública una iniciativa para intentar hackearlo en 2014, y hay sospechas de que el FBI también ha empleado recursos con este objetivo. Pero no parece que intentar resolver los problemas atacando o prohibiendo estas tecnologías sea una estrategia eficaz. El protocolo I2P (Invisible Internet Project) es una alternativa a Tor que protege el tráfico de Internet mediante una arquitectura distinta. Aunque la mayoría de los mercados actuales siguen utilizando Tor, muchos también son accesibles a través de I2P.

Confidencialidad y firma digital

Por otra parte, en 1991 Phil Zimmermann publicó la primera versión de PGP (Pretty Good Privacy), una tecnología diseñada para proteger comunicaciones y archivos mediante criptografía. En 1997 se presentó GPG (GNU Privacy Guard), una implementación de código abierto compatible con OpenPGP que permite cifrar mensajes para que su contenido no pueda ser leído por terceros que no dispongan de la clave necesaria para descifrarlo

El sistema utiliza dos claves: una clave pública que permite cifrar a otras personas cifrar mensajes para ese destinatario ra que y otra clave privada , que permite descifrarlos y firmar digitalmente.

Además de garantizar el secreto en las comunicaciones también permite la firma digital. Firmar con la misma clave implica que el emisor de un mensaje es la misma persona aunque no sepamos su identidad en el mundo real.

`Kleopatra es uno de los programas mas utilizados para el cifrado PGP/GPG y firma digital

El dinero fuera del sistema bancario

La última pieza de nuestro puzzle se encontraba en el dinero. Las tarjetas de crédito o las transferencias bancarias eran inútiles como medio de pago por motivos evidentes.

En 2008, una persona o grupo bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto publicó el documento Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System. Al año siguiente comenzó a funcionar la red Bitcoin (BTC), la primera criptomoneda descentralizada con una red abierta y sin necesidad de una autoridad central que validara las transacciones. Hay constancia de que alguien intercambió 10.000 BTC por dos pizzas en abril de 2010. Hasta 2013, Bitcoin seguía siendo un fenómeno marginal, conocido únicamente por una pequeña comunidad de usuarios interesados.

Entre 2011 y 2013, Silk Road pasó a formar parte de la economía de Bitcoin al utilizarlo como medio de pago del mercado. Sin embargo, su importancia era minoritaria en un ecosistema que ya contaba con pasarelas de pago y casas de cambio que siguen existiendo hoy, como Coinbase, Bitfinex o BitPay.

Bitcoin: una publicidad inesperada

Cuando el Gobierno de Estados Unidos cerró Silk Road y detuvo a su administrador en Octubre de 2013 podía haber emitido una protocolaria nota administrativa. Pero optó por anunciarlo a bombo y platillo difundiéndolo a través de las principales agencias de comunicación internacionales a los medios de todo el mundo (incluidos los españoles).

Fue así como, por primera vez, la inmensa mayoría de la población escuchó por primera vez .que se podían comprar drogas online utilizando una especie de "dinero mágico" que se generaba en los ordenadores para ocultar la identidad del comprador.

La decisión de Gobiernos y organismos oficiales de vincular los criptomercados con Bitcoin supuso una campaña publicitaria gratuita para la moneda y fue uno de los factores que contribuyeron a explicar su difusión y revalorización durante sus primeras etapas.

«Los mercados ocultos como Silk Road utilizan habitualmente Bitcoin como medio de pago». (Europol, 2014)

«Bitcoin se está consolidando como moneda común para los ciberdelincuentes dentro de la UE». (Europol, 2015)

«Quizás como consecuencia de su popularidad en la Dark Web, Bitcoin se ha transformado en la moneda preferida para la mayoría de los ciberdelitos». (Europol, 2016)

Por otra parte, la idea de realizar actividades comerciales al margen del sistema bancario mediante un sistema descentralizado, rápido e inmutable no hacía mucha gracia a quienes se encargan de gestionar la economía.

«Bitcoin funciona como una estafa piramidal y constituye un sistema de alto riesgo para sus usuarios desde una perspectiva financiera». (Banco Central Europeo, Virtual Currency Schemes, 2012)

«La EBA (Autoridad Bancaria Europea) recomienda que las autoridades nacionales de supervisión disuadan a las entidades de crédito, las entidades de pago y las entidades de dinero electrónico de comprar, mantener o vender monedas virtuales». (EBA, 2013)

«Bitcoin no cumple ninguna función útil y debería prohibirse». (Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, 2017)

El ejemplo más ilustrativo es el de Jamie Dimon, presidente de JPMorgan Chase, la entidad bancaria más importante de Estados Unidos. En una conferencia en septiembre de 2017, Dimon afirmó que BTC «es un fraude que va a terminar peor que los bulbos de los tulipanes cuando explote» (en referencia a un ejemplo clásico de burbuja especulativa en los Países Bajos del siglo XVII) y que despediría a cualquiera de sus empleados que negociara con BTC «primero, por ir en contra de nuestras normas y, segundo, por estúpido». Cansado de la repercusión mediática de sus declaraciones, Dimon afirmó en octubre que «no iba a volver a hablar de BTC».

Cuando la banca cambió de discurso

Pero tres meses después, el CEO de JPMorgan «lamentó haber hecho esos comentarios», añadiendo que «la blockchain es una realidad» y que su preocupación era «cómo se lo tomarán los gobiernos cuando BTC alcance una gran popularidad».

Alguien le explicó a Dimon que su banco había lanzado JPMorgan Coin casi tres años antes. Así que, en lugar de despedir a «decenas de estúpidos trabajando contra sus normas», optó por rectificar. Su banco adoptó un discurso más equilibrado y realista sobre BTC y ha podido presumir hasta la actualidad de que su firma aprovecha las oportunidades de las nuevas tecnologías.

En España, de los diez bancos más importantes por volumen, los dos más grandes (Santander/Openbank y BBVA) ofrecen actualmente a sus clientes la posibilidad de comprar, vender y custodiar BTC, mientras que el tercero (CaixaBank) lo ofrece, de momento, solo a clientes empresariales. Seis de los siete siguientes ofrecen actualmente a sus clientes algún tipo de servicio basado en la tecnología blockchain.

El sistema tradicional ha acabado aceptando, de forma directa o indirecta y en mayor o menor medida, Bitcoin y su tecnología blockchain, que permite registrar transacciones de forma inmutable sin depender de un intermediario central. Algunas de sus aplicaciones potenciales permiten entender el interés del sistema financiero.

Ejemplo práctico Posible ventaja de blockchain
Transferencias internacionales La operación se puede hacer en segundos o minutos, a cualquier hora del día y del año
Pagos entre distintos países Menor dependencia de intermediarios y de diferentes sistemas de pago.
Micropagos Algunas redes permiten realizar pagos con costes reducidos, incluso entre países.
Ejecución automática de acuerdos Un programa (smart contract) puede guardar el dinero y liberarlo automáticamente cuando se cumple una condición previamente establecida

Es importante matizar y diferenciar Bitcoin, nombre de la criptomoneda y de la red que permite su funcionamiento, de blockchain (la cadena de bloques), la tecnología o diseño sobre el que se construye. Parte de los medios de comunicación, y en concreto algunos medios especializados en economía, evitan la palabra «Bitcoin» por el matiz peyorativo que la asocia a clandestinidad y delincuencia, mientras elogian las bondades de la blockchain, un anglicismo en cursiva que aporta un aire tecnológico, misterioso y moderno. Mientras tanto, los criptomercados están abandonando progresivamente Bitcoin en favor de otras criptomonedas como Monero (XMR), que proporcionan ventajas adicionales en cuanto a privacidad y mantenimiento del anonimato.

«Bitcoin» y «blockchain» no son sinónimos, pero tampoco son conceptos independientes. Son tan distintos como un libro y una imprenta, o un coche y el motor de combustión. Este intento de separar una tecnología respetable de su primo incómodo y clandestino es absurdo, aunque tiene sentido. Es uno de los peajes para su respetabilidad y adopción mainstream.

Pero el mayor desafío no es este aspecto lingüístico y estético. Para incluir esta innovación en el sistema financiero es imprescindible establecer marcos regulatorios, reglas del juego comunes que permitan saber qué derechos, obligaciones, límites y responsabilidades tienen quienes decidan ofrecer y utilizar estas herramientas y servicios. Los Estados o sus agrupaciones son quienes imponen las reglas del juego. Se trata de un proceso que aún se está configurando y en el que se adivinan distintos modelos.

El modelo europeo (Reglamento MiCA) exige el cumplimiento de una normativa general estricta. Esto protege al consumidor, pero resulta rígido y poco adaptable a una tecnología que avanza más rápido que la legislación. Estados Unidos ha optado por utilizar las leyes ya existentes para categorizar y clasificar las opciones que ofrece la nueva tecnología. El resultado es un marco más dinámico, pero con una notable inseguridad jurídica, ya que las empresas no pueden saber con seguridad si están traspasando o no los límites. Países como Suiza, Singapur o Emiratos Árabes Unidos han creado marcos legales idóneos para atraer la inversión. Otros, como China, han optado por la prohibición a particulares.

Una cuestión de perspectiva:

En cualquier caso, los Estados han sabido reaccionar con rapidez y, en lugar de demonizar aquello que no pueden controlar, han decidido, por lo menos, subirse al carro. Ni siquiera China renuncia a su parte del pastel, pues la prohibición se aplica únicamente a los particulares, mientras que el Estado se reserva la posibilidad de crear sus propias criptomonedas. El resto del mundo parece haber aprendido las consecuencias de las prohibiciones generales y experimenta con distintos modelos, cada uno con sus ventajas e inconvenientes. Justo lo contrario de lo que hacen con las drogas.

A partir de 2011, existe la posibilidad de adquirir cocaína, heroína o LSD sentado delante del PC o del teléfono móvil y esperar unos días a que el producto llegue a casa a través del correo postal. El riesgo de ser engañado o estafado es probablemente algo más elevado que el de quien compra unas zapatillas de deporte Nike auténticas en eBay o una réplica falsificada de la Estrella de la Muerte de Lego en AliExpress. Pero, aun así, es un riesgo bajo si lo comparamos con comprarle a un desconocido en el baño de una discoteca o en la esquina oscura de un callejón del centro de la ciudad.

Este nuevo paradigma puede tener distintas lecturas. La más simple y evidente es la de la amenaza: una nueva pieza de caza que abatir, un peligro del que hay que defenderse atacando, sobre todo por el bien de la sociedad. Especialmente por el bien de los niños, aunque estos estén más interesados en las videoconsolas o el K-pop que en estos asuntos. La amenaza es de tal magnitud que, ahora más que nunca, obliga a dotar a las Fuerzas del Orden de todos los recursos necesarios para cerrar los mercados y detener a vendedores y administradores. Y a que la Justicia administre castigos de severidad suficiente para que nadie caiga en la tentación de operar en estas plataformas.

Desde la perspectiva de las dinámicas de los mercados de drogas, la irrupción de los criptomercados puede llegar a producir un efecto de redistribución de algunas de sus características que, al menos en teoría, podrían modificar de forma significativa el panorama de la compraventa en diferentes aspectos. El grado de esta transformación dependerá de su capacidad para crecer y expandirse.

Las sustancias de uso recreativo más frecuentes suelen ser fácilmente accesibles tanto en las capitales como en las grandes ciudades. Las incautaciones en España de MDMA, cocaína o cannabis demuestran que, en casi todas las capitales de provincia, las sustancias más clásicas son más fáciles de conseguir que otras más exóticas, como el 2C-B o las catinonas sintéticas. Pero cuando estas sustancias están a la misma distancia, es decir, a un par de clics al otro lado de la pantalla, tanto de Madrid o Barcelona como de Soria o las Alpujarras, el panorama cambia.

Lo mismo sucede con el acceso a cantidades medianas. Conseguir un gramo de cocaína o una pastilla de éxtasis ha sido hasta ahora más sencillo que conseguir cien gramos o cien pastillas. No estamos hablando del gran narcotráfico, sino de aquella cantidad que puede permitir a alguien que se ha quedado en el paro con 50 años vivir de suministrar a sus conocidos o a los conocidos de sus conocidos.

Desde el punto de vista mediático, las drogas han sustituido al sexo como elemento para escandalizar, aterrorizar y mantener atento al telespectador hasta la siguiente pausa publicitaria. Las casas reales han contribuido a normalizar los divorcios y las infidelidades, y especular con la orientación sexual de futbolistas, actores o ministros ha perdido interés, además de resultar políticamente incorrecto. Las drogas que te convierten en caníbal, en zombi o que anulan tu voluntad y te obligan a revelar el número secreto de tu tarjeta de crédito son temas mucho más atractivos a nivel mediático, siempre que el espectador esté dispuesto a renunciar a utilizar su pensamiento crítico, aunque sea durante un minuto. Las oscuras profundidades de Internet son, en este sentido, terreno fértil para mezclar la venta de drogas con la de órganos, los canales de streaming que emiten torturas reales en directo o los asesinos a sueldo que matan a tu suegra si les mandas una foto suya y una sustanciosa suma de dinero.

Y existe otra perspectiva muy interesante, la de los crecientes 331 millones de personas que, según cifras de Naciones Unidas, no pueden o no quieren dejar de utilizar drogas fiscalizadas.Comprar en criptomercadoss también puede considerarse como un acto legítimo de autodefensa que por un lado evita el contacto físico directo con individuos y escenarios relacionados con el mundo del crimen, y por otro disminuye el riesgo de sufrir las consecuencias de una legislación mas cerca del medievo o de las teocracias que del mundo civilizado.