El camello en tu bolsillo: cómo las apps están cambiando el mercado de drogas
· Aguas territoriales

El camello se ha modernizado: ahora cabe en tu bolsillo y hasta tiene bots. WhatsApp, Telegram y otras aplicaciones se unen a los criptomercados en la transformación de la compraventa de drogas. ¿Más cómodo, más seguro o simplemente el mismo negocio con mejor interfaz?
En la actualidad, el smartphone se ha convertido en un instrumento tan indispensable para salir de casa como las llaves y la cartera. Hasta el modelo más básico de los disponibles en la actualidad permite escuchar música, consultar una biblioteca gigantesca desde el autobús y hasta cazar Pokémon. Seguimos usándolo para comunicarnos con otras personas, pero solo uno de cada tres españoles lo utiliza habitualmente hablando y escuchando: el 72% utiliza WhatsApp o Telegram varias veces al día.
El precio, el pequeño tamaño y las funcionalidades de estos dispositivos han transformado la vida de prácticamente todos: padres de hijos adolescentes en edad de salir por la noche, ligones e infieles, paparazzi, turistas y excursionistas, sindicalistas y activistas, melómanos, astrónomos aficionados, cotillas profesionales y amateurs... son algunos de los que han visto más directamente mejorada su actividad, aunque el smartphone lo ha invadido prácticamente todo.
¿Cuántas personas mayores de edad conoce el lector que no tengan uno de estos aparatos?
Internet hizo posible la compra y venta de drogas en línea y, a través de herramientas como Tor, el cifrado GPG y las criptomonedas, esta actividad puede realizarse con mecanismos de privacidad más sofisticados que los disponibles en el comercio tradicional. Todo esto está al alcance de cualquier persona con conocimientos de informática a nivel de usuario, pero la curva de aprendizaje requiere cierto tiempo y disuade a muchas personas de utilizarlas.
Las aplicaciones de mensajería instantánea han contribuido a derribar esa barrera. WhatsApp, Telegram y otras plataformas forman parte de la vida cotidiana de millones de personas y no requieren manuales de instrucciones, conocimientos criptográficos ni una cartera de bitcoins. La interfaz es familiar, la comunicación inmediata y la distancia entre ver una oferta y establecer contacto se reduce considerablemente.
Pero las posibilidades son muy variadas y cada sistema tiene sus ventajas e inconvenientes en privacidad, seguridad y riesgos. En este post analizaremos las distintas modalidades de compraventa de sustancias psicoactivas mediadas o facilitadas por aplicaciones de mensajería instantánea, sus ventajas e inconvenientes frente a los criptomercados. También veremos cómo ambas tecnologías convergen y amplían las posibilidades.
¿Es más seguro escribir por WhatsApp que hablar por teléfono?
Antes de entrar en materia, conviene explicar brevemente algunos fundamentos sobre la seguridad y el funcionamiento de estas aplicaciones. Los usuarios de drogas perciben las aplicaciones de mensajería como un medio más discreto y confidencial a la hora de concertar transacciones. Los estudios cualitativos identifican la mensajería cifrada y los mensajes que desaparecen como características asociadas a una mayor sensación de privacidad, aunque esta percepción no garantiza que las comunicaciones sean realmente anónimas o inaccesibles para terceros.
En realidad, cuando hablamos de seguridad podemos referirnos a aspectos distintos.
| Riesgo | Llamada telefónica convencional | Mensajería cifrada de extremo a extremo |
|---|---|---|
| Interceptación del contenido en tránsito | Depende de la red y del tipo de llamada. | Generalmente ofrece mayor protección frente a terceros. |
| Registro de que hubo una comunicación | El operador puede conservar registros de tráfico. | La aplicación puede conservar determinados metadatos. |
| Almacenamiento del contenido | Normalmente no se graba automáticamente el audio de una llamada ordinaria. | Los mensajes pueden quedar almacenados en los dispositivos. |
| Acceso al contenido desde el teléfono | Las llamadas no se graban automáticamente. | Los mensajes accesibles en el dispositivo pueden constituir evidencia. |
| Identificación de los participantes | Puede realizarse mediante datos de tráfico y otros indicios. | Puede realizarse mediante números, cuentas, contactos y metadatos. |
Al menos desde un punto de vista teórico y operativo, es probable que las aplicaciones de mensajería sean más difíciles de interceptar que una conversación telefónica. Pero si las comunicaciones de un dealer están intervenidas, el grado de protección que ofrece encargar dos litros de Coca-Cola o cinco fotocopias del Manual de Metodología Aplicada es nulo. La Policía no es tan tonta.
¿Cómo viajan los mensajes? El cifrado de extremo a extremo
La seguridad de los mensajes en aplicaciones como WhatsApp, Telegram o Signal comparte algunos principios con el cifrado GPG que se utiliza en los criptomercados. Pero aquí las aplicaciones gestionan las claves criptográficas de forma automática, sin que el usuario tenga que importarlas y exportarlas manualmente. Existen, además, diferencias importantes en la forma en que cada aplicación las gestiona.
Cuando mandamos un mensaje por WhatsApp o Signal para felicitar el cumpleaños a nuestra prima, su contenido está protegido mientras viaja por el ciberespacio. En términos generales, el cifrado de extremo a extremo permite que solo los dispositivos de los participantes puedan leer el mensaje. Para obtener el contenido posteriormente, una tercera parte tendría que acceder a uno de los teléfonos o a una copia de seguridad almacenada.

En los chats normales y los grupos de Telegram, el cifrado no es de extremo a extremo: los mensajes se almacenan en la nube de Telegram y se cifran entre el dispositivo y sus servidores. Si cambias de teléfono o abres Telegram en tu ordenador, puedes recuperar el historial sin necesidad de hacer copias de seguridad. Esa comodidad tiene una contrapartida: las conversaciones dependen de la infraestructura central de la empresa.
Al usar WhatsApp o Signal, confías en la matemática de la criptografía: el cifrado de extremo a extremo impide que terceros, incluida la propia aplicación, lean el contenido durante el tránsito.
Al usar Telegram en chats normales, confías en la empresa y en que no leerá, venderá o cederá tus conversaciones a terceros
Datos y metadatos
En un archivo informático, los datos son el contenido del archivo. Pero además puede haber «datos sobre los datos», es decir, metadatos. Podemos imaginar un mensaje de texto como una carta dentro de un sobre: los datos serían el contenido de la carta y los metadatos, lo escrito en el exterior (remitente, destinatario, sello, fecha del matasellos, código postal…).
El manejo de los metadatos de las imágenes forma parte del ABC de los vendedores de drogas en criptomercados. Al subir una imagen a la Red, el archivo puede contener metadatos EXIF que informan sobre la marca y el modelo de la cámara o el móvil, la fecha y hora de la toma, la apertura del diafragma, la resolución y las coordenadas GPS de la ubicación donde se hizo la foto. Un vendedor imprudente que no eliminara estos datos de las fotografías de sus productos estaría proporcionando a la Policía información valiosa para facilitar su detención.
En cuanto a las aplicaciones de mensajería, Signal está diseñada para minimizar los metadatos que conserva, mientras que WhatsApp recopila una cantidad mucho mayor de información asociada al uso del servicio.

En la práctica, las características de cada plataforma condicionan qué tipo de mercado puede desarrollarse sobre ella. Telegram, por ejemplo, funciona como un híbrido entre red social abierta y mensajería privada. Sus canales permiten a un administrador difundir menús, fotografías y listas de precios a una audiencia amplia. Signal, por su parte, ofrece características que pueden resultar atractivas cuando la confidencialidad de las comunicaciones es especialmente relevante.
Cuatro modelos de mercado
Para entender qué está pasando, no basta con preguntar si las drogas se venden por WhatsApp o Telegram. La pregunta interesante es qué tipo de mercados se construyen al otro lado de la pantalla: quién publica las ofertas, quién organiza el cotarro, qué papel desempeñan los intermediarios y qué ventajas e inconvenientes ofrece cada formato.
1. El mercadillo digital
Imagina un mercadillo tradicional sin puestos, sin toldos y sin la señora que grita «bragas a tres euros». Aquí todo ocurre en un grupo de WhatsApp en el que un vendedor dice que tiene speed en Sevilla y un comprador busca hachís en su barrio de Madrid. Unos ofrecen, otros preguntan y el resto se limita a mirar, como quien pasea por el Rastro sin intención de comprar nada. El comercio electrónico en su versión más castiza: abundante oferta, mucho ruido y ausencia total de servicio de atención al cliente. El único sistema de reputación que permite distinguir al comerciante honesto del tramposo son los furibundos mensajes que algunos usuarios estafados envían, cuyo contenido no reproducimos para no herir la sensibilidad del lector.



Algunos se lo curran y anuncian sus productos con fotos y vídeos más o menos producidos. Otros despistados ofrecen vender una bici. La actividad del grupo, tanto de vendedores como de compradores, aumenta los fines de semana en los aparcamientos de determinadas discotecas y durante eventos muy concretos.
A estos grupos se accede por invitación y se difunden de boca en boca. Es el modelo más sencillo y, aunque no existen estimaciones, probablemente el más frecuente. Pero supone riesgos elevados, sobre todo para el vendedor. En teoría, la Policía no puede inducir a cometer un delito, pero el vendedor nunca sabe quién está al otro lado hasta que quizá ya sea demasiado tarde.
El caso de las aplicaciones de contactos gays
Una variante de este modelo aparece en las aplicaciones de contactos, en particular las dirigidas al público gay. Se diseñaron para ligar, aunque también sirven para buscar gente con la que practicar un idioma extranjero o compartir aficiones como el cuidado de bonsáis. Pero también se utilizan para adquirir o vender psicoactivos, pese a los esfuerzos de los administradores por bloquear o prohibir los perfiles que emplean ciertas palabras.
Por un lado, las empresas que gestionan estas aplicaciones persiguen el tráfico de drogas; por otro, reflejan la normalización del uso de psicoactivos para el sexo (chemsex). Los filtros para encontrar al príncipe azul o el polvo de una noche incluyen categorías como la altura, la complexión corporal, el rol sexual y los fetichismos más o menos sofisticados... y también preferencias sobre drogas, que permiten descartar o poner en la diana perfiles asociados a prácticas como el uso intravenoso de drogas o el consumo de metanfetamina.

En cualquier caso, y para evitar estereotipos, conviene destacar que el consumo de drogas vinculado al sexo o el uso de aplicaciones para buscar sexo y drogas es más visible o culturalmente más aceptado en entornos gays, pero no es en absoluto exclusivo de este grupo.
2. El telecamello
Los criminólogos, periodistas autodenominados «de investigación» y profesionales de las adicciones no han definido aún con exactitud qué es un «telecamello». Pedirle a tu dealer de cabecera que te acerque porros a casa no lo convierte en un telecamello. Por analogía con Telepizza, Teletienda o Telefarmacia, el término debería reservarse para aquellos distribuidores que sirven de forma rápida y habitual uno o varios productos a domicilio, encargados mediante aplicaciones de mensajería.

La inmediatez es el elemento distintivo del telecamello. En una gran ciudad, es lógico pensar que los distribuidores de pizza o cocaína utilizarán bicicletas, motos o patines eléctricos para entregar su mercancía con rapidez en medio del caos urbanístico. Sería peculiar, y por tanto noticiable, que lo hicieran en dromedario o utilizaran palomas mensajeras. Sin embargo, de manera incomprensible, los medios de comunicación destacan este elemento como característico.
Cuando la coca llega en patinete eléctrico (El País, 6/11/20)
Dos detenidos por vender cocaína y hachís a domicilio en patinete en Gijón (Agencia EFE, 9/3/26)
Afirmábamos antes que la Policía no es tonta, pero los telecamellos tampoco. Sus estrategias de camuflaje pueden ser ingeniosas, aunque no vamos a ofrecer más detalles por el principio ético de no interferir en el objeto de estudio.
En su versión más sencilla, implican a un vendedor que trabaja con un único producto; las más sofisticadas involucran redes complejas que operan desde distintas ciudades bajo una misma marca y en las que varios distribuidores reparten la mercancía. El acceso es siempre a través de contactos personales.
Cuanto más grande sea una red, mayores son las posibilidades de que alguno de los repartidores sean interceptados por la Policía, obligando a la estructura a cambiar de número de teléfono con mayor frecuencia. Los repartidores (en general gente con muy escasos recursos que a veces ni siquiera hablan español) están mucho más expuestos que los cabecillas. Recordamos que una de las características de las Políticas de Drogas vigentes es machacar y pisotear de forma preferente a los más desfavorecidos.
Como muestra esta recreación de un ejemplo real, los precios son elevados. Pero recibir en casa el producto deseado en un tiempo que rara vez supera una hora en el centro de una gran ciudad también se paga.

3. El mercado centralizado
Aquí ya no estamos ante un grupo de gente que publica anuncios cuando le apetece. Aquí aparece una estructura: normas, reputaciones, jerarquías y hasta vendedores que pagan por tener mejor escaparate. Viene a ser la diferencia entre un mercadillo improvisado y un centro comercial con gerente y reglamento. Los vendedores pueden conservar cierta autonomía, pero comparten un entorno que ordena la actividad y hace reconocible el mercado.

El caso de Telegrass (2017-2023), en Israel, mostró hasta dónde podía crecer este modelo: una red de distribución de cannabis a través de Telegram que llegó a poner en contacto a 1.500 vendedores y más de 200.000 usuarios. La investigación describió, entre 2017 y 2019, una organización con jerarquía y funciones diferenciadas, como programación, promoción, control de vendedores, gestión de reclamaciones y sistemas de reputación. La red estuvo activa hasta 2023. Los vendedores podían anunciar productos y coordinar pedidos directamente con compradores; también se facilitaban entregas a domicilio o envíos por correo. La palabra «centralizado» no significa necesariamente que una sola persona controle cada operación sino que que hay una organización que da forma al conjunto.

4. La máquina expendedora
La diferencia entre este modelo y los anteriores es la que existe entre comprar un refresco en la panadería de la esquina y sacarlo de una máquina: el factor humano pasa a un segundo plano y el cliente interactúa directamente con una interfaz programada.
El arquetipo histórico de este modelo fue Televend (2020-2021), una infraestructura que combinaba la comodidad de la interfaz de Telegram con la infraestructura técnica de la Dark Web. El usuario podía seleccionar productos, cantidades y categorías, pero las «tripas del sistema» (registro de clientes, gestión del inventario y pasarela de pagos) se alojaban en la Red Profunda mediante un servidor .onion accesible a través de Tor. El sistema generaba automáticamente un carrito de la compra y facturas en criptomonedas (BTC o XMR). Una vez confirmada la transacción, el vendedor se limitaba a la fase analógica del negocio: embalar el producto y enviarlo por correo o empresa de paquetería.

En definitiva, se trata de una estructura que aprovecha las características de la red Tor y utiliza un sistema de reputación similar al de los criptomercados en un formato más sencillo y familiar para el usuario. Pero conviene recordar que, en los chats normales de Telegram, el cifrado no es de extremo a extremo. La caída de Televend tras una intervención policial coordinada internacionalmente en 2021 dejó al descubierto la base de datos del bot, incluidos monederos, historiales de pedidos y registros de entrega.
Un mercado en transformación
Es imposible predecir cuál será la evolución de estos fenómenos en un entorno en el que las aplicaciones de código abierto y las novedades tecnológicas se suceden mucho más rápido de lo que tardamos en asimilarlas. Los criptomercados y las aplicaciones de mensajería están llamados a complementarse. Los usuarios de Android pueden usar la versión oficial del navegador Tor en sus teléfonos o tabletas. No existe una versión oficial para iPhone o iPad, pero sí una aplicación recomendada oficialmente por la Fundación Tor.

La geolocalización mediante GPS es una funcionalidad de los teléfonos inteligentes que también puede aprovecharse en el comercio de drogas. En lugar de utilizar el correo postal, el vendedor deja la mercancía en un lugar discreto, como un banco de parque o una farola. Tras cerrar el acuerdo, comunica al comprador la ubicación exacta para recogerla. Esta forma de entrega fue característica de Hydra Marketplace (2016-2022), cuyo alcance potencial se estimó en entre el 60 y el 80 % de la población rusa. En abril de 2020, la plataforma llegó a albergar más de 400.000 paquetes ocultos simultáneamente en las calles.
Dedicaremos un post a explorar en profundidad los dead drops, aunque, al ritmo al que se suceden las novedades, quizá pasemos directamente a los drones o los robots humanoides que te traen las cosas a casa.